Policentrismo y áreas funcionales urbanas: ¿una solución para las regiones de baja densidad demográfica?

La cri­sis demo­grá­fica y las difi­cul­ta­des finan­cie­ras de las admi­nis­tra­cio­nes públi­cas nos sitúan en un intenso debate sobre cómo garan­ti­zar el bie­nes­tar de los ciu­da­da­nos y hasta qué nivel se defi­nen los ser­vi­cios públi­cos en el terri­to­rio. Son pro­ble­mas que com­pro­me­ten el futuro de las regio­nes de baja den­si­dad en mayor medida y a más corto plazo que lo que acon­tece en las regio­nes más urba­ni­za­das, donde las mis­mas preo­cu­pa­cio­nes son com­pen­sa­das por la con­cen­tra­ción humana y de capi­tal. La solu­ción implica revi­sar los mode­los de orde­na­ción terri­to­rial y for­mu­lar nue­vas visio­nes espa­cia­les, entre las que des­ta­can el poli­cen­trismo y las áreas fun­cio­na­les urba­nas (FUA, del inglés Fun­ctio­nal Urban Area), si bien con­lle­van impor­tan­tes desa­fíos y reser­vas rela­cio­na­das con las tra­di­cio­nes cul­tu­ra­les sobre la pla­ni­fi­ca­ción y la capa­ci­dad y forma de gobierno.

En abso­luto debe­mos cir­cuns­cri­bir los tér­mi­nos poli­cen­trismo y áreas fun­cio­na­les a las regio­nes más urba­ni­za­das. Bajo el dina­mismo social, eco­nó­mico e infor­ma­cio­nal que ofre­cen algu­nos con­jun­tos de ciu­da­des, y que gene­ran fuer­tes liga­zo­nes entre ellas, existe un com­po­nente guber­na­men­tal que lo garan­tiza mediante las polí­ti­cas públi­cas y la inver­sión en infra­es­truc­tu­ras. En las regio­nes de baja den­si­dad, peri­fé­ri­cas o depen­dien­tes de espa­cios cen­tra­les, tam­bién es posi­ble la exis­ten­cia de mode­los poli­cén­tri­cos y de ámbi­tos fun­cio­na­les que for­ta­lez­can las cone­xio­nes urbano-rurales y hagan frente a las debi­li­da­des demo­grá­fi­cas y de sos­te­ni­bi­li­dad de los ser­vi­cios públi­cos ade­más de un desa­rro­llo terri­to­rial sos­te­ni­ble, como defiende el acervo comu­ni­ta­rio euro­peo desde la apro­ba­ción de la Estra­te­gia Terri­to­rial Euro­pea en 1999. En este sen­tido, el enfo­que ascen­dente de desa­rro­llo rural LEADER y la apuesta por el poli­cen­trismo en varias Comu­ni­da­des Autó­no­mas espa­ño­las, demues­tran que esta nueva reali­dad es posible.

Para con­se­guirlo, es nece­sa­rio reco­no­cer el papel arti­cu­la­dor y deter­mi­nante de las ciu­da­des media­nas y peque­ñas en la cohe­sión terri­to­rial, y asu­mir en muchos casos sus carac­te­rís­ti­cas rura­les. Su con­cep­ción exige ini­ciarse en dos aspec­tos: por un lado en la decons­truc­ción, por supuesto aca­dé­mica, del sis­tema político-administrativo vigente, domi­nado en muchas oca­sio­nes por estruc­tu­ras admi­nis­tra­ti­vas regio­na­les y/o pro­vin­cia­les exce­si­va­mente jerár­qui­cas, o influen­ciado por sis­te­mas urba­nos exter­nos, aje­nos a las nece­si­da­des de las regio­nes de baja den­si­dad ante la ausen­cia de mayor coor­di­na­ción. Por otro lado, es pre­ciso pro­mo­ver nue­vas for­mas de inter­pre­tar el espa­cio regio­nal, que se hace fle­xi­ble cuando ana­li­za­mos los movi­mien­tos de pobla­ción y las com­ple­men­ta­rie­da­des entre núcleos urba­nos. En muchos casos, estas visio­nes aflo­ran tras aná­li­sis esta­dís­ti­cos y tra­bajo de campo sobre los víncu­los por moti­vos labo­ra­les, de estu­dio, o por razo­nes de iden­ti­dad como es el des­pla­za­miento a segun­das resi­den­cias en el medio rural desde los ámbi­tos más urba­nos. Así se puede obser­var en Castilla-La Man­cha (España), Comu­ni­dad Autó­noma situada en el cen­tro penin­su­lar y al sur de la capi­tal de España, Madrid, con una pobla­ción de 2.031.479 habi­tan­tes en 2017 y una exten­sión de casi 80.000 km2, que arroja una bají­sima den­si­dad de 25,6 hab/km2. Bajo su espa­cio for­mado por cinco pro­vin­cias (Alba­cete, Ciu­dad Real, Cuenca, Gua­da­la­jara y Toledo) se des­cu­bren hasta diez áreas fun­cio­na­les con carac­te­rís­ti­cas y diná­mi­cas propias.

El modelo policéntrico y de áreas funcionales urbanas de Castilla-La Mancha a partir del análisis de centros y subcentros y población vinculada. Fuente: Pillet y Cañizares, 2017, p. 110.

El modelo poli­cén­trico y de áreas fun­cio­na­les urba­nas de Castilla-La Man­cha a par­tir del aná­li­sis de cen­tros y sub­cen­tros y pobla­ción vin­cu­lada. Fuente: Pillet y Cañi­za­res, 2017, p. 110.

Estas nue­vas arqui­tec­tu­ras de los sis­te­mas terri­to­ria­les no rom­pen de forma vio­lenta la orde­na­ción tra­di­cio­nal, sino que la com­ple­men­tan. La iden­ti­fi­ca­ción de algu­nos núcleos urba­nos como “cen­tros” o “sub­cen­tros” genera un espacio-red que aporta el dina­mismo infor­ma­cio­nal y la estruc­tura de ser­vi­cios (públi­cos) nece­sa­ria en cada área fun­cio­nal para con­tra­rres­tar la baja den­si­dad demo­grá­fica, la debi­li­dad de las liga­zo­nes, o la depen­den­cia de otros sis­te­mas. Pero la forma de esta red nodal no com­pleta ni con­fi­gura el sis­tema, sino que es la fun­ción de cada núcleo la que aporta sen­tido al con­junto. Esta fun­ción crece y se desa­rro­lla a par­tir de los acti­vos que for­man el terri­to­rio y sus diver­sos patri­mo­nios, espe­cial­mente el capi­tal social y su capa­ci­dad de rela­ción. Todo ello se poten­cia con nue­vas eco­no­mías como el turismo, o mediante empre­sas de base social y otras for­mas de empren­di­miento, e incluso con la par­ti­ci­pa­ción del Ter­cer Sec­tor, muy sig­ni­fi­ca­tiva en ser­vi­cios socia­les y ambien­ta­les, donde las admi­nis­tra­cio­nes públi­cas son siem­pre deficitarias.

Siguiendo este enfo­que ascen­dente, si la defi­ni­ción de estruc­tu­ras poli­cén­tri­cas y áreas fun­cio­na­les genera cohe­ren­cia, homo­ge­nei­dad y cohe­sión interna en cada una de ellas, a escala del desa­rro­llo regio­nal per­mite una cla­ri­fi­ca­ción mayor de las pro­ble­má­ti­cas y de las prio­ri­da­des que se deben aco­me­ter en cada ámbito subre­gio­nal para ase­gu­rar la com­pe­ti­ti­vi­dad y la cohe­sión terri­to­rial, en coor­di­na­ción con otras estruc­tu­ras supra­mu­ni­ci­pa­les como las pro­vin­cias y/o man­co­mu­ni­da­des. Así se ha cons­ta­tado tam­bién en Castilla-La Man­cha, donde las dis­tin­tas reali­da­des subre­gio­na­les o de cada área fun­cio­nal pre­ci­san tra­ta­mien­tos específicos.

Nos encon­tra­mos, por tanto, en un momento de encru­ci­jada en muchos terri­to­rios depen­dien­tes, peri­fé­ri­cos, o de baja den­si­dad, que no tie­nen por qué con­si­de­rarse como espa­cios per­de­do­res o en vías de su deser­ti­za­ción. El poli­cen­trismo y las áreas fun­cio­na­les repre­sen­tan alter­na­ti­vas que impreg­nan los nue­vos dis­cur­sos terri­to­ria­les, sobre los que debe­mos refle­xio­nar con­si­de­rando la urgen­cia de la situación.

Para mayor información:

PILLET, Félix y CAÑIZARES, Mª Car­men (Coords.). Poli­cen­trismo y áreas fun­cio­na­les de baja den­si­dad. Madrid, Edi­to­rial Sín­te­sis, 2017.

Julio José Plaza Tabasco es pro­fe­sor del Depar­ta­mento de Geo­gra­fía y Orde­na­ción del Terri­to­rio de la Uni­ver­si­dad de Castilla-La Mancha.

Ficha biblio­grá­fica:

PLAZA TABASCO, Julio José. Poli­cen­trismo y áreas fun­cio­na­les urba­nas: ¿una solu­ción para las regio­nes de baja den­si­dad demo­grá­fica? Geo­cri­tiQ. 15 de febrero de 2018, nº 370. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2018/02/policentrismo-y-areas-funcionales-urbanas-una-solucion-para-las-regiones-de-baja-densidad-demografica>

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Regiones rurales adyacentes a áreas metropolitanas, ¿hacia una nueva realidad urbana?

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