Vive la France, vive le football!

[E]l deporte siempre ha sido un bálsamo para la política, al menos cuando esa política está muy en entredicho, también para países emergentes, como trampolín para su reconocimiento pleno. En un estudio profundo podríamos, incluso, adentrarnos en los juegos olímpicos de Grecia, pero no es preciso entrar en esa noche de los tiempos. Todos recordamos las cinco copas de Europa del Real Madrid en el régimen de Franco, donde el deporte dependía, además, de la Secretaría General del Movimiento, o la utilización de las medallas olímpicas de los países del Este en tiempos de la Guerra Fría (mención especial a la rumana Nadia Comaneci), triunfos aprovechados por sus regímenes para mostrar que son de verdad una nación (lengua, leyes, contexto histórico, natural), o sea, que hay una simbiosis entre el pueblo y el Estado. Dicho con otras palabras más simples en la portada del periódico deportivo francés L’Équipe del 16 de julio pasado: “Los azules (Francia) escriben su propia leyenda, la de un equipo y un país en plena comunión”.

En el reciente Campeonato del Mundo de Fútbol, hemos visto una nación ganadora (Francia) con una crisis en distintos frentes (paro, economía, migración) y una finalista (Croacia) como nación emergente deseosa de ocupar un lugar político en el concierto del reconocimiento mundial. Las dos naciones merecieron subir al podio por su buen hacer en el campo y no hubo lugar a especulaciones extradeportivas. No, en el caso de estos dos países la limpieza ha brillado por su presencia, lo cual también debe ser base de una nación.

Voy a centrarme en los campeones. Sentir esta vivencia en la misma Francia ha sido una experiencia de cómo se apuntala una nación desde la base misma, desde su ciudadanía, desde su propio ser, desde su nación, como individualidad y como colectividad, y con juego limpio. Efectivamente, ver empezar un partido de fútbol con el canto de la “Marsellesa” por los jugadores y cuerpo técnico con la pasión de quien siente a su patria como su casa en el sentido más amplio y hasta acogedor del término no es lo mismo que quien no manifiesta ninguna emoción hacia los colores que, al menos en teoría, son los suyos, pero cantar ese himno tras cada victoria en los bares por millones de personas implica un asentimiento de la realidad de la nación, una especie de plebiscito del sentir francés refrendado a cada victoria en un ejercicio que creíamos monopolio de los países latinos o de los hinchas ingleses. Pero no, esta demostración cívica se produjo en el país del Siglo de las Luces, donde cabíamos todos, en una manera de reafirmar el contexto histórico natural de Francia como nación acogedora. Y, en fin, en todas las televisiones del mundo hemos visto a Francia representada en su lugar más emblemático (la Torre Eiffel) viendo la final en pantallas gigantes y subiendo los Campos Elíseos, cual si de la celebración de la divisa “liberté, égalité y fraternité” se tratara.

Edición especial de Le Monde, Mbappé en la foto

Edición especial de Le Monde, Mbappé en la foto.

Evidentemente no sólo fue una fiesta (como diría Hemingway), también algún altercado callejero, (in)evitable, sucedió al amparo de esa multitudinaria efervescencia, y por supuesto la política siguió su curso en su ejercicio constante de que la condición humana existe como resumía la revista Marianne “el domingo 15 de julio el país ha cedido al unísono a la euforia de la victoria de los Azules. Sin olvidar las realidades del mundo y sin ceder a las recuperaciones políticas”. Y es que cada medio de comunicación hizo su lectura, su política, del evento. La misma revista citada subraya su visión general: “Un pueblo AZUL-BLANCO-ROJO fija unos minutos esenciales en un desencadenamiento de alegría un poco absurdo para un juego irrisorio”, sin embargo, unas páginas más adelante hace un juego de palabras con la proclama de la nación francesa: “Liberté, Egalité, Mbappé”.

Mbappé, jugador excepcional. Referente obligado de esta Francia que parece que se haya despertado asumiendo que el color de la piel no es cualidad identitaria de la nación, ni el apellido, ni el origen, lo que significa que el concepto en sí no es estático sino adaptativo, y por tanto adoptable a cada cambio, lo cual no quiere decir que va a ser la panacea de los problemas franceses ni mucho menos, como no lo fue en 1998, cuando se alcanzó por primera vez el mismo título pero sí que debe ser un estímulo para mantener la moral y el optimismo (¡ah, y lástima que esta magia esté tan mediatizada por el dinero!), o en palabras del ex presidente de la República francesa François Hollande: “El equipo de Francia da una felicidad inmensa  a nuestro país, que no hace desaparecer todas las dificultades y disparidades pero que permite la unidad. Hay que utilizar estos momentos, demasiado raros, para asegurar aún más la cohesión y no sólo quedar satisfechos por la fiesta de algunos días”. Aunque la frase más ilustrativa de la nación francesa campeona del mundo de fútbol es la de Barack Obama: “Mirad el equipo de Francia que acaba de ganar la copa del mundo. Todos estos tíos no parecen, según yo, Galos, son franceses, son franceses”. Si se asumiera esta realidad bien merecería que el 15 de julio fuera una segunda fiesta nacional.

Para mayor información:

Para escribir este artículo he consultado los periódicos: Le Parisien (días 17 y 20 de julio), Le Monde (Edición especial, 17 de julio), l’Équipe (días 16 y 18 de julio) y la revista Marianne (número 1114, del 20 al 26 de julio de 2018).

Fernando Martín Polo es Doctor en Geografía Humana por la Universidad de Barcelona.

Ficha biblio­grá­fica:

MARTÍN POLO, Fernando. Vive la France, vive le football! Geo­cri­tiQ. 15 de septiembre de 2018, nº 400. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2018/09/vive-la-france-vive-le-football>.

Una propuesta de geografía ciudadana

[L]a geografía como conocimiento científico fue atravesando diferentes etapas: ciencia matemática con una orientación cartográfica, conocimiento del medio natural con las variedades regionales, descripción de recursos en un proceso histórico, formulación de propuestas de ordenación del territorio entre otras finalidades y objetos. En los dos últimos siglos parece existir un consenso sobre la transición desde una ciencia de lugares a un conocimiento que explica los problemas sociales en el territorio. De ahí su clasificación como ciencia social en los códigos UNESCO.

Estos últimos objetivos llevan a la geografía a acercarse al concepto de ciudadanía, una palabra que ha definido las características de las libertades alcanzadas por las burguesías del diecinueve en el mundo occidental y que se consagran en las cartas constitucionales. Pero su ejercicio dista mucho de cumplir con las expectativas de una sociedad crítica con el funcionamiento democrático.

Para formar a las personas en la participación de las decisiones ciudadanas han surgido algunas iniciativas en las instituciones no gubernamentales, pero menos desde las universidades y centros escolares, como si dicha actividad no formara parte de los contenidos educativos. Por eso queremos destacar la iniciativa del Instituto de Geografía y Ordenación del Territorio (IGOT) de la Universidad de Lisboa: Nós Propomos!, sobre todo, por el liderazgo mostrado por el profesor Sérgio Claudino.

Localización de ciudades y pueblos donde está asentada la red de Nós Propomos en la Península Ibérica.

Localización de ciudades y pueblos donde está asentada la red de Nós Propomos en la Península Ibérica.

Desde dicho instituto universitario se ha generado un proyecto de ciudadanía para los más jóvenes y no tan jóvenes, que comenzó en Portugal en 2011 y no ha dejado de crecer: España, Mozambique, Brasil y, ahora, inicia su implementación en Perú, Colombia y, por último en México, con cerca de 40 universidades implicadas en su difusión. Para ello se cuenta con la colaboración del Geoforo, que a través de las noticias y del foro 24 da cuenta de sus actividades y principios programáticos. En el mes de septiembre de 2018 se celebra el primer congreso internacional de Nós Propomos!, donde participarán alumnos de niveles previos a los universitarios, así como profesores e investigadores, familias y políticos locales de cuatro países participantes. Un conjunto de personas que integran la comunidad escolar.

En este evento se podrán compartir los diferentes trabajos locales, producto de un estudio riguroso de profesorado y alumnado, que después se le presenta a los poderes locales (ayuntamientos, cámaras municipales) para que puedan ser ejecutados, o no, los planes de acción propuestos desde las aulas escolares. Por tanto, es una innovación escolar, basada en el conocimiento geográfico, abierta a la participación ciudadana. Además el pensar localmente se complementa con la acción global, pues se promueve la cooperación internacional en red, para ello existen diferentes instrumentos de las redes sociales (whatsapp, facebook) y sobre todo el Geoforo Iberoamericano de Educación, Geografía y Sociedad, donde la comunidad escolar ha abierto un foro (número 24) para intercambiar opiniones y argumentos, de tal forma que se pueda romper el aislamiento de cada aula y centro escolar.

Uno de los puntos fuertes del proyecto consiste en conceder la iniciativa al alumnado para delimitar los problemas locales, que pueden ser de diferente ámbito: polución atmosférica o de aguas contaminadas, problemas de seguridad vial, aislamiento de lugares rurales, difusión del patrimonio local, carácter obsoleto del aprendizaje escolar y otros más que son seleccionados por el propio alumnado y trabajados en las aulas en materias específicas (Estudio de caso, Ciudadanía, Geografía y ciencias sociales), o bien en ámbitos interdisciplinares, donde dos o más materias comparten objetivos y diseñan técnicas y métodos específicos para abordar el problema seleccionado.

Localización de Nós Propomos en América del Sur.

Localización de Nós Propomos en América del Sur.

De este modo se ha comprobado como los alumnos y alumnas seleccionan los problemas que les resultan significativos y realizan a continuación un trabajo de campo, en el cual implican a vecinos del lugar estudiado. Finalmente proponen las propuestas de solución para ser implementadas desde las instituciones locales.

Con este proyecto se cumplen algunos principios básicos en la educación. El primero es que las innovaciones no proceden de las iniciativas legislativas, sino de la actitud de curiosidad y crítica de las personas que conviven en los centros escolares. En segundo lugar nos muestra que la geografía, y las ciencias sociales, son útiles para la ciudadanía si aborda el estudio de los problemas concretos que les preocupan a las personas, pero para ello es preciso una metodología rigurosa, que aúne el uso de los conceptos propios de la materia con una formulación del problema que permita cuestionar la realidad aparente y plantear soluciones factibles. En este sentido, se avanza con la calma que requiere el pensamiento racional, sin las prisas de las tecnologías del espectáculo. Y simplifica la metodología en tres fases básicas: la identificación de problemas, la realización del trabajo de campo y la presentación de propuestas son sus tres fases fundamentales.

Por último, se demuestra que es posible (y necesario) desarrollar una educación geográfica alternativa, en ámbitos escalares iberoamericanos, que esté comprometida con los problemas sociales concretos de las personas en sus medios específicos.

Para mayor información:

CLAUDINO, Sérgio; SOUTO, Xosé M.; ARAYA PALACIOS, Fabián. Los Problemas Socio-Ambientales en Geografía: una Lectura Iberoamericana, Revista Lusófona de Educação, nº 39, p. 55-72.

Ficha biblio­grá­fica:

SOUTO, Xosé Manuel. Una propuesta de geografía ciudadana. Geo­cri­tiQ. 5 de septiembre de 2018, nº 399. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2018/09/una-propuesta-de-geografia-ciudadana>.