Lavaderos tradicionales de la Granada del XIX y el uso público del agua

Hasta la gene­ra­li­za­ción de la red de dis­tri­bu­ción de aguas a las casas, el agua pro­ve­niente de manan­tia­les, arro­yos y ríos era la usada para el abas­te­ci­miento de la pobla­ción. Este sumi­nis­tro acuoso se lle­vaba a cabo en espa­cios públi­cos comu­ni­ta­rios que, a lo largo del siglo XIX, se van a acon­di­cio­nar para pres­tar un mejor ser­vi­cio. Junto con las fuen­tes y abre­va­de­ros, base del apro­vi­sio­na­miento humano y ani­mal, se cons­tru­ye­ron espa­cios espe­cí­fi­cos para el lavado de la ropa. Desde fina­les del siglo XIX, se asen­ta­ron en España las nocio­nes de ser­vi­cio y obra pública, al mismo tiempo que se declaró al sumi­nis­tro de agua ser­vi­cio con carác­ter público. La defi­ni­tiva implan­ta­ción de lava­de­ros en Gra­nada durante ese siglo, como infra­es­truc­tu­ras de índole pública y de ser­vi­cio a la comu­ni­dad, y su vin­cu­la­ción a las teo­rías higie­nis­tas euro­peas, con­di­cio­na­ron su diseño, cons­truc­ción y mantenimiento.

El sumi­nis­tro de agua en la Gra­nada deci­mo­nó­nica se rea­li­zaba mediante las ace­quias de Ayna­da­mar y Gorda. Ambas cons­truc­cio­nes, como sis­te­mas tra­di­cio­na­les hidráu­li­cos, per­mi­tían el uso y apro­ve­cha­miento racio­nal del agua, ase­gu­rando el abas­te­ci­miento regu­lar al mayor número de usua­rios en un amplio aba­nico de apro­ve­cha­mien­tos. Estas infra­es­truc­tu­ras, naci­das con clara voca­ción urbana, se pro­yec­ta­ron para el sumi­nis­tro de la pobla­ción de los dife­ren­tes barrios de la ciu­dad, a tra­vés de sus alji­bes y su bien tra­zada red de ace­quias y aza­ca­yas. Este es el carác­ter público del agua, con­ce­bida como un bien de ser­vi­cio comu­ni­ta­rio en todas sus ver­tien­tes, que ha de lle­gar a todos, y por tanto, su reparto y con­sumo se rige por estar pre­sente en todos los aspec­tos de la vida: dar de beber a los ciu­da­da­nos a tra­vés de la red arte­rial de cis­ter­nas y tina­jas, en el riego de huer­tas y jar­di­nes, en el abas­te­ci­miento de casas, fin­cas, con­ven­tos e ins­ti­tu­cio­nes, así como en el sumi­nis­tro de pila­res, baños, estan­ques, alber­cas, abre­va­de­ros y lava­de­ros públicos.

Lavadero de Méndez, h. 1905. Albayzín. Granada. Arturo Cerdá y Rico. Fuente: Asociación Cultural Arturo Cerdá y Rico. Cabra del Santo Cristo (Jaén).

Lava­dero de Mén­dez, h. 1905. Albay­zín. Gra­nada. Arturo Cerdá y Rico. Fuente: Aso­cia­ción Cul­tu­ral Arturo Cerdá y Rico. Cabra del Santo Cristo (Jaén).

Con el aumento de la pobla­ción y la con­se­cuente exten­sión del recinto urbano, los dife­ren­tes gobier­nos muni­ci­pa­les se vie­ron en la obli­ga­ción de ins­ta­lar lava­de­ros públi­cos que vinie­ran a aten­der las nece­si­da­des del vecin­da­rio. Los lava­de­ros en la Gra­nada del siglo XIX se situa­ron en la zona baja de la ciu­dad, coin­ci­diendo con los luga­res más habi­ta­dos y con mayor índice de pobla­ción e incre­mento demo­grá­fico. Es el caso del de las Tablas, uno de los más popu­lo­sos y con­cu­rri­dos de la ciu­dad, junto con el de Fuente  Nueva, y el lava­dero de la Cruz, unido a la parro­quia de los San­tos Justo y Pas­tor. Per­te­ne­ciente a la parro­quia del Sagra­rio se encon­traba el lava­dero de San Agus­tín, mien­tras que el de Zafra se corres­pon­día con la parro­quia de San Andrés.

Asi­mismo, la topo­ni­mia del calle­jero gra­na­dino nos aporta infor­ma­ción de lava­de­ros des­a­pa­re­ci­dos que han dejado su hue­lla en los espa­cios de la ciu­dad mar­cando el pai­saje urbano. El desig­nar con un nomen­clá­tor alu­sivo a estas cons­truc­cio­nes algu­nas calles de la ciu­dad nos da idea de la fuerza que ten­drían en la ciu­da­da­nía como pun­tos refe­ren­cia­les den­tro del case­río gra­na­dino al nomi­nar algu­nos espa­cios de su trama urbana con nom­bres de lava­de­ros. De este modo en el plano actual de Gra­nada figu­ran las calles del Lava­dero de Mén­dez (por la  Cuesta de la Alha­caba), de las Tablas (desde la calle del Gran Capi­tán a la calle Tablas), de la Cruz (entre la calle del Boque­rón y la calle de San Juan de Dios), de San Agus­tín (desde la pla­ceta de este nom­bre a la calle San Jeró­nimo), de Santa Inés (que sube desde la Carrera del Darro), de Zafra (desde la Pla­ceta del Azú­car a la calle de Nava­rrete), de las Man­che­gas (desde la calle del Correo Viejo a la Cuesta de Mara­ñas), y del Lava­dero, ade­más de la pla­ceta o plaza del mismo nom­bre. Esta nume­rosa pre­sen­cia denota la abun­dan­cia de este tipo de ser­vi­cios públi­cos de lim­pieza e higiene en la Gra­nada de aquel tiempo. El hecho de situar los prin­ci­pa­les lava­de­ros en las zonas más bajas de la ciu­dad, aparte de coin­ci­dir con los mayo­res núcleos de pobla­ción en ese momento, se debe a que en el Sacro­monte, Albay­zín, Ali­xa­res, la Chu­rra y Mau­ror, barrios de la Gra­nada alta, las muje­res uti­li­za­ban para lavar los alji­bes y grifos.

Lavadero público de la Puerta del Sol, h. 1900. Francisco Román Fernández. Fuente: Archivo Histórico Provincial de Granada. Fondo fotográfico / Signatura: Po-0046.

Lava­dero público de la Puerta del Sol, h. 1900. Fran­cisco Román Fer­nán­dez. Fuente: Archivo His­tó­rico Pro­vin­cial de Gra­nada. Fondo foto­grá­fico / Sig­na­tura: Po-0046.

De este nutrido número de lava­de­ros, que se dis­per­sa­ban por el urba­nismo de Gra­nada, sólo ha lle­gado hasta nues­tros días el ubi­cado en la lla­mada Puerta del Sol. Ade­más de estas cons­truc­cio­nes espe­cí­fi­cas para lavar, tam­bién reci­bía este uso algu­nas zonas de los ríos Darro y Genil. En la actua­li­dad la tipo­lo­gía edi­li­cia del lava­dero de la Puerta del Sol, nos per­mite con­tex­tua­li­zar arqui­tec­tó­ni­ca­mente, el resto de cons­truc­cio­nes de este tipo, pues com­par­tían un diseño simi­lar. Común era el empleo de la estruc­tura adin­te­lada, con tejado de teja morisca, sos­te­nida por colum­nas de pie­dra de Sie­rra Elvira.

El lava­dero de la Puerta del Sol, hoy ele­mento sin­gu­lar del patri­mo­nio arqui­tec­tó­nico de Gra­nada, es el titu­lar de una tra­di­ción his­tó­rica y cul­tu­ral, que quedó refle­jada en el empleo de los mate­ria­les uti­li­za­dos para su cons­truc­ción, arqui­tec­tura que bebe de la tra­di­ción ver­ná­cula secu­lar.  Des­taca el indu­da­ble valor etno­grá­fico e histórico-artístico de estos lava­de­ros tra­di­cio­na­les que for­ma­ron parte fun­da­men­tal en las tareas domés­ti­cas del pasado reciente gra­na­dino. Su exa­men, y otor­gar­les su justo valor, per­mite un enri­que­ci­miento en el cono­ci­miento de nues­tro acervo cul­tu­ral, y tener al mismo tiempo, mejo­res ele­men­tos de aná­li­sis, a lo hora de inves­ti­gar en el pasado de nues­tras raíces.

Para mayor información

QUESADA MORALES, Daniel. Arqui­tec­tura e Higiene. Lava­de­ros públi­cos y salu­bri­dad en el siglo XIX: el caso de Gra­nada. Biblio3W. Revista Biblio­grá­fica de Geo­gra­fía y Cien­cias Socia­les. [En línea]. Bar­ce­lona: Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lona, 25 de julio de 2017, vol. XXII, nº 1.206. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-1206.pdf>. [ISSN 1138–9796].

Daniel Jesús Que­sada Mora­les es beca­rio de For­ma­ción de Pro­fe­so­rado Uni­ver­si­ta­rio en el Depar­ta­mento de His­to­ria del Arte de la Uni­ver­si­dad de Granada.

Ficha biblio­grá­fica:

QUESADA MORALES, Daniel. Lava­de­ros tra­di­cio­na­les de la Gra­nada del XIX y el uso público del agua. Geo­cri­tiQ. 15 de octu­bre de 2017, nº 340. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2017/10/lavaderos-tradicionales-de-la-granada-del-xix-y-el-uso-publico-del-agua>.

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