Cultura, paisaje y patrimonio: la Sierra de Guadarrama (Segovia, España)

La Sie­rra de Gua­da­rrama (Sego­via, en el cen­tro de la Penín­sula Ibé­rica) es un terri­to­rio cons­truido social­mente. Es el pro­ducto de un modelo de explo­ta­ción secu­lar de los recur­sos que ofre­cía el espa­cio físico: desde el pie­de­monte hasta el “alto de la sie­rra”; toda una suce­sión de ambien­tes “esca­lo­na­dos” que han des­ta­cado his­tó­ri­ca­mente por su impor­tante fun­ción como ele­men­tos ple­na­mente incor­po­ra­dos al sis­tema de apro­ve­cha­miento gana­dero y fores­tal. Es así como los pai­sa­jes serra­nos, com­pues­tos de heren­cias diver­sas y super­pues­tas, otor­gan al terri­to­rio su autén­tica dimen­sión cultural.

El espa­cio se ins­cribe en la ver­tiente sep­ten­trio­nal –o sego­viana– del Gua­da­rrama. Com­prende los actua­les muni­ci­pios de Casla, Prá­dena, Arco­nes, Mata­buena, Galle­gos, Aldea­len­gua de Pedraza, Nava­fría, Torre Val de San Pedro, San­tiuste de Pedraza, Collado Her­moso, Soto­sal­bos, Santo Domingo de Pirón y Basar­di­lla. Tér­mi­nos, todos ellos, que han arti­cu­lado, de siem­pre, sus espa­cios pro­duc­ti­vos entre los altos maci­zos serra­nos y las pea­nas de pie­de­monte sobre las que se asientan.

El Guadarrama segoviano.

El Gua­da­rrama segoviano.

El Gua­da­rrama sego­viano es una cons­truc­ción terri­to­rial en la que adquiere pro­ta­go­nismo el entra­mado pai­sa­jís­tico resul­tante de la com­bi­na­ción de los pro­ce­sos y prác­ti­cas socia­les que se han ido suce­diendo his­tó­ri­ca­mente. Y sus pai­sa­jes son una suerte de imá­ge­nes de la cul­tura tra­di­cio­nal, gana­de­ras o fores­ta­les, con hue­llas del pasado o seña­les de aban­dono o de trans­for­ma­ción.

Sobre el “esca­lón” basal del con­junto serrano, las enti­da­des de pobla­ción sur­gi­das en las fases his­tó­ri­cas de cre­ci­miento pobla­cio­nal repre­sen­ta­rían, según la ter­mi­no­lo­gía aca­dé­mica, un típico modelo de pobla­miento rural con­cen­trado de carác­ter plu­ri­nu­clear. Su loca­li­za­ción siem­pre obe­dece a un mismo cri­te­rio de valo­ra­ción de los ele­men­tos natu­ra­les del terri­to­rio: la pro­xi­mi­dad a los espa­cios dota­dos de una mayor humedad.

En torno al pobla­miento, los “cam­pos cer­ca­dos” con­ti­núan repre­sen­tando lo más sus­tan­cial del pai­saje. Exten­sas áreas de pra­dos cer­ca­dos se des­pa­rra­man como una pri­mera aureola externa, a veces muy dila­tada y dise­mi­nada, de los núcleos de pobla­ción. Con todo, estos “cam­pos cer­ca­dos” alter­nan cada vez más con un entorno pas­to­ril abierto que es la clara expre­sión del aban­dono y la degra­da­ción de la cul­tura gana­dera en la actua­li­dad. Frente a los “cam­pos cer­ca­dos”, los aber­ta­les son el signo de la expan­sión cre­ciente de eria­les, mato­rra­les y ras­tro­je­ras. La seña inequí­voca del declive de una acti­vi­dad secular.

 

La trama del paisaje: el mosaico de usos del suelo.

La trama del pai­saje: el mosaico de usos del suelo.

A par­tir de los 1.200 metros de alti­tud, en las ram­pas más ele­va­das al con­tacto con las par­tes bajas de las lade­ras se entra de lleno en el domi­nio del roble­dal. El rebo­llo es el árbol más carac­te­rís­tico de las fal­das serra­nas, por las que se extiende, o debiera exten­derse, sería más correcto decir, inin­te­rrum­pi­da­mente. La fiso­no­mía más habi­tual para los roble­da­les serra­nos es la del monte bajo o medio, fruto del resul­tado del apro­ve­cha­miento tra­di­cio­nal de estas “matas” desde la Baja Edad Media para leñas, car­bón y pasto.

En la hipo­té­tica catena alti­tu­di­nal, los pinos suce­den al roble desde las par­tes medias de las lade­ras (sobre el teó­rico umbral de los 1.600 metros de alti­tud), en una franja de tran­si­ción eco­ló­gica en la que sue­len mez­clarse ambas espe­cies depen­diendo de las con­di­cio­nes del medio; y pue­den lle­gar a alcan­zar, en oca­sio­nes, hasta las mis­mas “cime­ras” serra­nas, si bien en pies soli­ta­rios con aspec­tos muy des­vi­ta­li­za­dos. Pero es el “orden” cul­tu­ral, es decir, el orde­na­miento de la mano del hom­bre el que en mayor medida ha inci­dido en la actual dis­tri­bu­ción del pinar. En menor pro­por­ción que sobre los enci­na­res o roble­da­les, pero tam­bién sobre los pina­res, las talas, que­mas, “rozas”, los “rom­pi­mien­tos”, en defi­ni­tiva, han asis­tido para la aper­tura en tiem­pos de “rasos” y “ali­ja­res”, cons­tri­ñendo, de esta manera, la masa fores­tal. Sin embargo, aún más fre­cuen­tes his­tó­ri­ca­mente, por ser los mon­tes de pinos con­si­de­ra­dos como un recurso estra­té­gico tra­di­cio­nal, han sido las sis­te­má­ti­cas plan­ta­cio­nes a que diera lugar la explo­ta­ción de la madera en los encla­ves más ape­ti­to­sos desde tiempo medieval.

Al “esca­lón” del pie­de­monte y al más incli­nado de las lade­ras les sucede, final­mente, el del “alto de la sie­rra”. Una ver­da­dera “enci­mera” de cum­bres apla­na­das y de sua­ves lomas empero que rara­mente des­ciende de los 1.800 metros de alti­tud. Sobre ella, las dife­ren­tes maja­das en que se orga­ni­za­ban los puer­tos tra­di­cio­nal­mente cons­ti­tuían las uni­da­des bási­cas a par­tir de las cua­les pro­ce­der orde­na­da­mente a la valo­ra­ción y el dis­frute de la varie­dad de ambien­tes pratenses.

El pai­saje es la ima­gen del terri­to­rio, el pro­ducto de la inter­ven­ción pro­funda de la que ha sido objeto la natu­ra­leza serrana como resul­tado de la uti­li­za­ción social de sus recur­sos durante siglos. El pai­saje del Gua­da­rrama sego­viano es, en defi­ni­tiva, la heren­cia de una evo­lu­ción cul­tu­ral, repre­sen­tando por ello mismo un recurso terri­to­rial de pri­mer orden en base a su inci­piente patrimonialización.

Para mayor información:

MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, Luis Car­los; MOLINA DE LA TORRE, Igna­cio. Cul­tura y pai­saje a la “Vera de la Sie­rra”. La cons­truc­ción terri­to­rial del Gua­da­rrama sego­viano. Bole­tín de la Aso­cia­ción de Geó­gra­fos Espa­ño­les, 73, p. 313–341, 2017. Dis­po­ni­ble en <http://www.age-geografia.es/ojs/index.php/bage/article/viewFile/2420/2274>. [ISSN: 0212–9426].

 

Luis Car­los Mar­tí­nez Fer­nán­dez es pro­fe­sor en el Depar­ta­mento de Geo­gra­fía de la Uni­ver­si­dad de Valladolid.

 

Ficha biblio­grá­fica:

MARTÍNEZ FERNÁNDEZ, Luis Car­los. Cul­tura, pai­saje y patri­mo­nio: la Sie­rra de Gua­da­rrama (Sego­via, España). Geo­cri­tiQ. 10 de sep­tiem­bre de 2017, nº 334. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2017/09/cultura-paisaje-y-patrimonio-la-sierra-de-guadarrama-segovia-espana>.

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