¿Cuánto tarda en recuperarse el ecosistema del monte luego de un incendio?

Los incen­dios cau­san enor­mes pro­ble­mas en los eco­sis­te­mas natu­ra­les, eli­mi­nando la vege­ta­ción, expo­niendo el suelo y dejando sin hábi­tat a la fauna autóc­tona. Si bien la recu­pe­ra­ción de eco­sis­te­mas de bos­ques es lenta, en las zonas donde las pre­ci­pi­ta­cio­nes son bajas, como en el monte nativo del noreste de Men­doza, Argen­tina, el agua es un fac­tor limi­tante, y el pro­ceso puede ser más lento de lo que podría­mos ima­gi­nar­nos a sim­ple vista. Nos pro­po­ne­mos demos­trar esto en el pre­sente tra­bajo, para lo cual con­ta­re­mos el caso analizado.

En enero del año 1986, un incen­dio natu­ral afectó 45 hec­tá­reas de la Reserva de Biós­fera Ñacu­ñán, ubi­cada en el depar­ta­mento Santa Rosa de la pro­vin­cia de Men­doza. La reserva cuenta con varias comu­ni­da­des per­te­ne­cien­tes al bioma del monte, entre ellas el Jari­llal. Des­pués del incen­dio, la comu­ni­dad se vio modi­fi­cada enor­me­mente, dando paso al inicio de la suce­sión desde eta­pas muy tem­pra­nas (empezó a recu­pe­rarse el monte prác­ti­ca­mente desde cero). La cober­tura de gra­mí­neas peren­nes (pas­tos) quedó redu­cida a menos de un 5 por ciento y la de her­bá­ceas (anua­les) aumentó hasta un 40 por ciento. La cober­tura de árbo­les y arbus­tos quedó redu­cida a un 12 por ciento aproximadamente.

Para ese año, las espe­cies arbus­ti­vas habían aumen­tado con­si­de­ra­ble­mente su cober­tura, lle­gando al 56 por ciento, mien­tras que las arbó­reas se man­te­nían alre­de­dor del 5 por ciento. Nume­ro­sas espe­cies de pas­tos y hier­bas se encon­tra­ban pre­sen­tes en esa comu­ni­dad, aun­que toda­vía con baja cober­tura y poca aso­cia­ción entre ellas.

Durante el mes de octu­bre de 2012, nues­tro equipo realizó mues­treos de las prin­ci­pa­les espe­cies vege­ta­les pre­sen­tes en la comu­ni­dad de la zona del incen­dio, con el obje­tivo de rea­li­zar una com­pa­ra­ción con res­pecto a la infor­ma­ción dis­po­ni­ble de los años ante­rio­res, y tam­bién se com­paró esa comu­ni­dad con otra cer­cana no afec­tada, con­si­de­rando que así debiera estar la pri­mera, si no hubiera ocu­rrido el incendio.

Com­pa­ra­mos el estado del jari­llal que­mado con su vecino no que­mado, para deter­mi­nar si aún des­pués de 26 años de ocu­rrido un incen­dio (y sabiendo que como se trata de un área pro­te­gida no ha habido otros dis­tur­bios) pre­sen­tan dife­ren­cias entre ellos. Tam­bién eva­lua­mos el pro­ceso his­tó­ri­ca­mente, com­pa­rando las tres medi­cio­nes comen­ta­das. Para poder rea­li­zar las com­pa­ra­cio­nes, rea­li­za­mos las siguien­tes mediciones:

1) Riqueza (can­ti­dad de espe­cies de plan­tas), pro­por­ción de pas­tos, pro­por­ción de her­bá­ceas anua­les y cober­tura total de espe­cies tanto en el jari­llal que­mado como en el no que­mado para com­pa­rar ambas comunidades.

2) Por­cen­taje de suelo des­nudo en ambos sitios para detec­tar la pre­sen­cia de par­ches (áreas ricas en vege­ta­ción rodea­das por suelo des­nudo), carac­te­rís­ti­cos de las eta­pas de suce­sión tempranas.

3) Com­pa­ra­ción dia­cró­nica (his­tó­rica) de los dis­tin­tos estra­tos vege­ta­les (pas­tos, arbus­tos y árbo­les) en tres tiem­pos dis­tin­tos (1986, 1998 y 2012).

La pro­por­ción de pas­tos fue mayor en la zona no que­mada, mien­tras que la de espe­cies anua­les fue mayor en el jari­llal que­mado. La riqueza de espe­cies y la cober­tura total fue mayor en el jari­llal que­mado, con­tra lo que se espe­raba en un prin­ci­pio. Es pro­ba­ble que esto se deba a la can­ti­dad de her­bá­ceas anua­les que encon­tra­mos en esta zona. Si bien se obser­van estas ten­den­cias en los datos obte­ni­dos, el aná­li­sis esta­dís­tico nos dice que esas dife­ren­cias entre los dos jari­lla­les no son sig­ni­fi­ca­ti­vas (α=0,05) en nin­gún caso.

Lo mismo ocu­rrió con el por­cen­taje de suelo des­nudo, el cual fue mayor en el jari­llal que­mado que en el no que­mado, lo cual indi­ca­ría mayor pre­sen­cia de par­ches. Sin embargo, tam­bién en este aná­li­sis, los resul­ta­dos esta­dís­ti­cos no arro­ja­ron dife­ren­cias sig­ni­fi­ca­ti­vas (α=0,05) entre ambos.

Porcentaje de suelo desnudo en el jarillal quemado y el no quemado

Por­cen­taje de suelo des­nudo en el jari­llal que­mado y el no quemado

Final­mente, a par­tir de los valo­res ini­cia­les ana­li­za­dos des­pués del incen­dio, los medi­dos en 1998 y, por último, en 2012, se ela­bo­ra­ron los siguien­tes grá­fi­cos que mues­tran los avan­ces en las cober­tu­ras de cada estrato (arbó­reo, arbus­tivo y her­bá­ceo) y per­mi­ten obser­var la apro­xi­ma­ción de cada estrato del jari­llal que­mado a su corres­pon­diente del jari­llal no que­mado, en cada medi­ción realizada.

Comparación en el tiempo de los estratos arbóreo y arbustivo, respectivamente, entre el jarillal quemado (amarillo) y el jarillal no quemado (azul).

Com­pa­ra­ción en el tiempo de los estra­tos arbó­reo y arbus­tivo, res­pec­ti­va­mente, entre el jari­llal que­mado (ama­ri­llo) y el jari­llal no que­mado (azul).

Comparación en el tiempo del estrato herbáceo, entre el jarillal quemado (amarillo) y el jarillal no quemado (azul)

Com­pa­ra­ción en el tiempo del estrato her­bá­ceo, entre el jari­llal que­mado (ama­ri­llo) y el jari­llal no que­mado (azul).

El impacto de un incen­dio en un eco­sis­tema de monte nativo como el de la Reserva Ñacu­ñán supone un retraso de la suce­sión y una pér­dida de los ser­vi­cios eco­sis­té­mi­cos que éste brinda, que requiere mucho tiempo para recu­pe­rarse. En el caso estu­diado, luego de 26 años del dis­tur­bio se puede decir que las dife­ren­cias entre la zona que­mada y la no que­mada están final­mente sub­sa­na­das desde el punto de vista del aná­li­sis esta­dís­tico, aun­que aun así se obser­van ten­den­cias que mar­can el pasado incen­dio. Con­si­de­ra­mos tam­bién que el aporte de semi­llas del bos­que ale­daño y el hecho de que se encon­trara en una reserva ayu­da­ron a agi­li­zar el pro­ceso de recu­pe­ra­ción más de lo que lo haría en zonas con mayor impacto. Ante los des­mon­tes que ocu­rren actual­mente en el monte nativo de Men­doza, así como las prác­ti­cas de “lim­pieza” mediante fuego que se rea­li­zan, debe­mos saber que seme­jan­tes impac­tos, aca­rrean con­se­cuen­cias que tar­dan muchas déca­das en recu­pe­rarse. Por ello es nece­sa­rio tomar medi­das pre­ven­ti­vas y adqui­rir un mayor con­trol sobre ellas para evi­tar daños ambien­ta­les que pue­den lle­gar a ser irreversibles.

Para mayor información: 

MARONE, L. Modi­fi­ca­tions of local and regio­nal bird diver­sity after a fire in the desert, Argen­tina. Revista Chi­lena de His­to­ria Natu­ral, 1990, 63,  187–195.

ROSSI, B. E. Flora y vege­ta­ción de la Reserva de Bios­fera de Ñacu­ñán des­pués de 25 años de clau­sura. Hete­ro­ge­nei­dad espa­cial a dis­tin­tas esca­las. Tesis Doc­to­ral, 2004, 152 p. Uni­ver­si­dad Nacio­nal de Cuyo, Men­doza, Argentina.

Pehuén Bar­zola Eli­za­ga­ray es estu­diante de Inge­nie­ría en Recur­sos Natu­ra­les Reno­va­bles de la Facul­tad de Cien­cias Agra­rias – Uiver­si­dad Nacio­nal de Cuyo, Argentina.

Ficha biblio­grá­fica:

BARZOLA ELIZAGARAY, Pehuén. ¿Cuánto tarda en recu­pe­rarse el eco­sis­tema del monte luego de un incen­dio? Geo­cri­tiQ. 30 de sep­tiem­bre de 2017, nº 337. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2017/09/cuanto-tarda-en-recuperarse-el-ecosistema-del-monte-luego-de-un-incendio>.

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