Patrimonio y paisaje en España y Portugal. De lo singular a lo territorial

La pro­tec­ción y con­ser­va­ción del patri­mo­nio se hace, en un prin­ci­pio, a título indi­vi­dual y en rela­ción con el arte, la natu­ra­leza o la his­to­ria; es el monu­mento o el par­que natu­ral “per se”. Al valor sin­gu­lar se aña­den pronto otras con­si­de­ra­cio­nes y se van incor­po­rando aspec­tos cul­tu­ra­les hasta lle­gar al pai­saje y al patri­mo­nio terri­to­rial. En la actua­li­dad, el patri­mo­nio se aso­cia con la inter­ac­ción entre el grupo humano y la natu­ra­leza en un espa­cio deter­mi­nado a lo largo del tiempo; es pues un “palim­psesto” que con­serva las hue­llas de gene­ra­cio­nes ante­rio­res y sobre él pone­mos nue­vas letras que lo con­vier­ten en un recurso para el desa­rro­llo territorial.

El patri­mo­nio en las reco­men­da­cio­nes internacionales

De manera muy sin­té­tica pode­mos decir que se pasa del monu­mento al monu­mento his­tó­rico, del monu­mento his­tó­rico al con­junto his­tó­rico, y de ahí al patri­mo­nio cul­tu­ral y natu­ral que desem­boca en el pai­saje cul­tu­ral. Los tex­tos ema­na­dos desde las ins­tan­cias inter­na­cio­na­les nos mar­can este paso. La Carta de Ate­nas de 1931, de con­ser­va­ción de monu­men­tos de Arte e His­to­ria, cen­tra sus esfuer­zos en sal­va­guar­dar las obras maes­tras en las cua­les la civi­li­za­ción ha encon­trado su más alta expre­sión. La Carta de Vene­cia de 1964 con­si­dera al monu­mento aso­ciado al ambiente urbano o pai­sa­jís­tico en el que se inserta e incor­pora el sig­ni­fi­cado cultural.

En la Con­ven­ción sobre la Pro­tec­ción del Patri­mo­nio Mun­dial Cul­tu­ral y Natu­ral, aus­pi­ciada en 1972 por la UNESCO y cele­brada en París, se esta­ble­cen los prin­ci­pios del Patri­mo­nio Mun­dial de la Huma­ni­dad en fun­ción tanto de los valo­res cul­tu­ra­les como de los natu­ra­les, se aco­tan las cate­go­rías de monu­men­tos, con­jun­tos y luga­res y se da paso a la Lista del Patri­mo­nio Mun­dial de la Huma­ni­dad. En 1992, el Comité de la Con­ven­ción del Patri­mo­nio Mun­dial añade al lis­tado los pai­sa­jes cul­tu­ra­les como “obras com­bi­na­das de la natu­ra­leza y el hombre”

El Generalife, incluido como Bien cultural en la categoría de Monumento, junto con la Alhambra en la lista del Patrimonio Mundial en 1984 (Granada, España).

El Gene­ra­life, incluido como Bien cul­tu­ral en la cate­go­ría de Monu­mento, junto con la Alham­bra en la lista del Patri­mo­nio Mun­dial en 1984 (Gra­nada, España).

El patri­mo­nio de España y de Por­tu­gal cata­lo­gado Patri­mo­nio Mun­dial recoge en parte la evo­lu­ción seña­lada. Pri­mero se incor­po­ra­ron monu­men­tos cul­tu­ra­les, como la Alham­bra y el Gene­ra­life de Gra­nada en 1984 o el Mos­teiro da Batalha en 1983, y natu­ra­les: el Par­que Nacio­nal de Gara­jo­nay; des­pués con­jun­tos como la Ciu­dad Vieja de Sala­manca o el Cen­tro His­tó­rico de Gui­ma­rães y, con pos­te­rio­ri­dad en 2001, pai­sa­jes cul­tu­ra­les como el de Aran­juez o el del Alto Douro Vinhateiro.

Las nor­ma­ti­vas nacio­na­les de con­ser­va­ción del patrimonio

El deve­nir de las nor­mas nacio­na­les que pro­te­gen el patri­mo­nio cons­truido y el natu­ral en España y en Por­tu­gal han ido de la mano, tanto en la secuen­cia como en la incor­po­ra­ción de las reco­men­da­cio­nes sur­gi­das en el ámbito inter­na­cio­nal. Pri­mero se preo­cu­pan por el legado his­tó­rico y artís­tico de los pue­blos que habi­ta­ron la Penín­sula Ibé­rica desde la prehis­to­ria, y lo con­si­de­ra­ron una riqueza; des­pués se fue­ron sumando a las pro­pues­tas de la UNESCO, aun­que en ambos paí­ses la legis­la­ción atiende de manera inde­pen­diente los bie­nes cul­tu­ra­les y los naturales.

La preo­cu­pa­ción por la sal­va­guarda de los bie­nes patri­mo­nia­les hunde sus raí­ces en el siglo XVIII y se vin­cula con las Reales Aca­de­mias de la His­to­ria, y en el caso de España tam­bién con la Real Aca­de­mia de Bellas Artes de San Fer­nando, que ins­tan a con­ser­var y pro­te­ger los edi­fi­cios histórico-artísticos. En este pri­mer avance pri­maba el carác­ter monu­men­tal de la obra de arte y los aspec­tos his­tó­ri­cos; con pos­te­rio­ri­dad se suce­de­rán dis­tin­tas decla­ra­cio­nes que incor­po­ran, ade­más, el “inte­rés público” o el “valor para el muni­ci­pio” entre los requi­si­tos para que un bien sea cata­lo­gado como monu­mento, al tiempo que se señala la nece­si­dad de pro­te­ger su entorno y, ya en la segunda mitad del siglo XX, se avanza en los aspec­tos cul­tu­ra­les y en el pai­saje. Los espa­cios natu­ra­les siguen un camino simi­lar: pri­mero se decla­ran espa­cios sin­gu­la­res como Par­que Nacio­nal, des­pués se atiende a su valor y su representatividad.

Viñedos cultivados en bancales en el Alto Douro Vinhateiro, considerados Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad en 2001 (Portugal).

Viñe­dos cul­ti­va­dos en ban­ca­les en el Alto Douro Vin­ha­teiro, con­si­de­ra­dos Pai­saje Cul­tu­ral Patri­mo­nio de la Huma­ni­dad en 2001 (Portugal).

Fruto de la evo­lu­ción del con­cepto de patri­mo­nio y de su con­cre­ción legis­la­tiva en los dos paí­ses ibé­ri­cos se ha pro­te­gido mayo­ri­ta­ria­mente monu­men­tos, casi tres cuar­tas par­tes de los bie­nes cla­si­fi­ca­dos, mien­tras que los con­jun­tos ape­nas repre­sen­tan el 10 por ciento. El patri­mo­nio natu­ral se aso­cia direc­ta­mente con los Par­ques y la super­fi­cie reser­vada a los Pai­sa­jes Pro­te­gi­dos oscila entre el 2 por ciento en Por­tu­gal y el 3 por ciento en España del total catalogado.

Patri­mo­nio, pai­saje y orde­na­ción del terri­to­rio, a modo de conclusión

La tra­yec­to­ria de la pro­tec­ción y con­ser­va­ción de los bie­nes, tanto cul­tu­ra­les como natu­ra­les, ha reco­rrido el camino que lleva desde la con­si­de­ra­ción sin­gu­lar a la rela­ción con el tiempo y con el lugar en el que se asien­tan y a la valo­ra­ción del pai­saje; y al valor intrín­seco se ha sumado el valor de uso, sobre todo para el turismo, que con­vierte al patri­mo­nio en un recurso para el desa­rro­llo de los territorios.

La sen­si­bi­li­dad por el patri­mo­nio terri­to­rial, por su orde­na­ción y ges­tión, apa­rece en las reco­men­da­cio­nes inter­na­cio­na­les y en las polí­ti­cas nacio­na­les. El Con­ve­nio Euro­peo del Pai­saje, fir­mado en Flo­ren­cia en 2000 intro­duce la dimen­sión social del pai­saje, con­si­de­rado como un ele­mento de bie­nes­tar, y se avanza en la nece­si­dad de una ges­tión y orde­na­ción res­pon­sa­ble más allá de la mera con­ser­va­ción. Las nor­mas esta­ta­les y regio­na­les siguen esa senda y con­si­de­ran el patri­mo­nio un obje­tivo prio­ri­ta­rio para la orde­na­ción del terri­to­rio. Se abre así una nueva puerta para el patri­mo­nio territorial.

Para mayor información:

MARTÍN JIMÉNEZ, Mª Isa­bel. Patri­mo­nio y pai­saje en España y Por­tu­gal. Del valor sin­gu­lar a la inte­gra­ción terri­to­rial. En Bole­tín de la Aso­cia­ción de Geó­gra­fos Espa­ño­les, 2016, nº 71, p. 347–374. ISSN 0212–9426. Dis­po­ni­ble en <http://www.age-geografia.es/ojs/index.php/bage/article/viewFile/2286/2181>.

Mª Isa­bel Mar­tín Jimé­nez es pro­fe­sora del Depar­ta­mento de Geo­gra­fia de la Uni­ver­si­dad de Sala­manca (España).

Ficha biblio­grá­fica:

MARTÍN JIMÉNEZ, Mª Isa­bel. Patri­mo­nio y pai­saje en España y Por­tu­gal. De lo sin­gu­lar a lo terri­to­rial. Geo­cri­tiQ. 1 de febrero de 2017, nº 283. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2017/02/patrimonio-y-paisaje-en-espana-y-portugal-de-lo-singular-a-lo-territorial>.

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