La educación de la población rural del Noroeste Argentino: escasez de activos en un contexto de cambio

El Noroeste Argen­tino no es una excep­ción a todo ello: con una quinta parte de su pobla­ción cla­si­fi­cada como rural, es asiento tanto de acti­vi­da­des agra­rias extre­ma­da­mente ren­ta­bles –como el limón o la soja-, como de otras raya­nas en la sub­sis­ten­cia –como las agri­cul­tu­ras cam­pe­si­nas de la Puna o el Chaco-, lo que pro­gre­si­va­mente no sólo está incre­men­tando la bre­cha entre pro­duc­to­res, sino que está expul­sando del mer­cado de tra­bajo rural a la pobla­ción que ante­rior­mente se dedi­caba a labo­res agrí­co­las. La meca­ni­za­ción, con el des­censo de los reque­ri­mien­tos de mano de obra que con­lleva, está en la base de este des­censo, pero tam­bién el aumento de las nece­si­da­des de capa­ci­ta­ción para rea­li­zar las labo­res. Así las cosas, no debe extra­ñar el que con­te­mos con evi­den­cias de que un aumento de los nive­les de ins­truc­ción for­mal, esto es los años pasa­dos en la escuela y los nive­les edu­ca­ti­vos supe­ra­dos, jue­guen un papel impor­tante en la reduc­ción de la pobreza rural. A modo de ejem­plo, en la pro­vin­cia de Salta el 70% de los jefes de hogar rura­les con cre­den­cia­les edu­ca­ti­vas muy bajas eran indigentes.

Para hacer­nos una idea de la situa­ción de la pobla­ción rural del Noroeste Argen­tino en lo rela­tivo a esta impor­tante varia­ble bas­tan unas pocas cifras: en un extremo de la escala, el 37% ni siquiera acabó la pri­ma­ria; en el otro, tan sólo el 3,3% ter­minó los estu­dios supe­rio­res. Resulta, por tanto, que el grueso de la pobla­ción rural cuenta, en el mejor de los casos, tan sólo con los estu­dios pri­ma­rios ter­mi­na­dos, un nivel edu­ca­tivo que, hoy por hoy, no tiene más valor que el abrir la puerta para con­ti­nuar for­mán­dose, no hay ascenso social alguno ligado a su posesión.

Cier­ta­mente hay una parte de la pobla­ción rural que aún se sigue for­mando, con lo que sería espe­ra­ble que las cifras ante­rio­res mejo­ra­sen. Sin embargo, la situa­ción que mues­tra el cua­dro no es, ni mucho menos, alen­ta­dora, antes al contrario.

Porcentaje de población total, urbana y rural que asiste a un establecimiento educativo, por tramo de edad (2010)

Por­cen­taje de pobla­ción total, urbana y rural que asiste a un esta­ble­ci­miento edu­ca­tivo, por tramo de edad (2010)

Más allá de los 14 años, el sis­tema edu­ca­tivo tan sólo es capaz de man­te­ner en su seno a menos de dos ter­cios de los jóve­nes rura­les del Noroeste Argen­tino en edad de cur­sar la edu­ca­ción secun­da­ria, y a menos de una quinta parte de los que tie­nen entre 18 y 24 años, en edad, por tanto, de estu­diar una carrera uni­ver­si­ta­ria. Cifras malas por sí mis­mas, pero peo­res cuando se com­pa­ran no sólo con la pobla­ción urbana de la región, sino con la pobla­ción rural del con­junto de la República.

¿Es impor­tante con­tar con la edu­ca­ción secun­da­ria ter­mi­nada, o con estu­dios supe­rio­res en el con­texto rural de la región? Parece evi­dente que sí: dada la reduc­ción de empleo agra­rio que atra­viesa la región, el fomento del empleo rural no agrí­cola a tra­vés de polí­ti­cas de desa­rro­llo rural implica nece­sa­ria­mente fomen­tar el cre­ci­miento de la indus­tria y los ser­vi­cios. Cada vez es menos defen­di­ble sos­te­ner úni­ca­mente en el empleo agra­rio la mejora de la cali­dad de vida y el des­censo de la pobreza en las zonas rura­les. Y, en este con­texto, pode­mos estar de acuerdo en que cuanto mayor el nivel de ins­truc­ción de la pobla­ción, mayo­res las posi­bi­li­da­des no sólo de aco­me­ter con éxito ini­cia­ti­vas de desa­rro­llo, sino tam­bién de que dichas ini­cia­ti­vas sur­jan de la pro­pia pobla­ción rural. Pero vis­tas las esca­sas cre­den­cia­les edu­ca­ti­vas que posee la pobla­ción rural del Noroeste Argen­tino, su poten­cia­li­dad para “reci­clarse” desde el punto de vista pro­duc­tivo, o para com­pe­tir por unos pues­tos de tra­bajo cada vez más esca­sos se nos antoja muy redu­cida, lo cual pro­yecta una som­bra de duda sobre la situa­ción socio­eco­nó­mica futura de esta frac­ción de la pobla­ción del Noroeste Argentino.

Para mayor información:

NATERA RIVAS, Juan José. Acti­vos edu­ca­cio­na­les de la pobla­ción rural en un área empo­bre­cida: la región noroeste de la Repú­blica Argen­tina. Cua­der­nos de Geo­gra­fía: Revista Colom­biana de Geo­gra­fía. 2016, vol 25, núm 1, p.11–24.

Juan José Natera Rivas es pro­fe­sor de Geo­gra­fía en la Uni­ver­si­dad de Málaga.

Ficha biblio­grá­fica:

NATERA RIVAS, Juan José. La edu­ca­ción de la pobla­ción rural del Noroeste Argen­tino: esca­sez de acti­vos en un con­texto de cam­bio. Geo­cri­tiQ. 10 de junio de 2016, nº 229. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2016/06/la-educacion-de-la-poblacion-rural-del-noroeste-argentino-escasez-de-activos-en-un-contexto-de-cambio>

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