La red telefónica de la Mancomunitat de Cataluña (1916–1924)

En nues­tra inge­nui­dad inocente, no pocos de noso­tros pen­sa­mos que una tec­no­lo­gía dada se extiende por su supe­rio­ri­dad frente a las exis­ten­tes, por su exce­len­cia, en suma. Olvi­da­mos así que está some­tida a la lógica de las con­di­cio­nes socio­eco­nó­mi­cas, cul­tu­ra­les y polí­ti­cas en que nace y debe desenvolverse.

De vez en cuando los media  airean las tre­men­das dife­ren­cias exis­ten­tes en el acceso a las redes de comu­ni­ca­ción según el lugar de resi­den­cia de los usua­rios. Así, seña­lan por ejem­plo, que más de 2.700 pue­blos no pue­den nave­gar por Inter­net a 10 megas o que la lle­gada de la fibra óptica y 4G a las gran­des ciu­da­des coli­siona fron­tal­mente con el redu­cido número de hoga­res con acce­sos míni­ma­mente aceptables.

La desigual­dad en el acceso a las redes de comu­ni­ca­ción arranca ya desde las fases ini­cia­les del desa­rro­llo de las mis­mas, rasgo exten­si­ble a diver­sas for­mas de res­pues­tas a esta injusta situa­ción, llá­mense coope­ra­ti­vas o pro­gra­mas públi­cos. Esta diver­si­dad de res­pues­tas pre­ten­día poner al alcance de la pobla­ción un ser­vi­cio reser­vado para unos pocos por su cares­tía. Tan solo pro­fe­sio­na­les, comer­cian­tes, hote­le­ros, indus­tria­les o sim­ples indi­vi­duos con abun­dan­tes recur­sos podían per­mi­tirse lo que se con­si­de­raba un lujo.

En este sen­tido, resulta curioso seña­lar que la pri­mera coope­ra­tiva tele­fó­nica nació en Argen­tina con el pro­pó­sito de con­tra­rres­tar el mono­po­lio que ejer­cía la Unión Tele­fó­nica y fue orga­ni­zada por el pio­nero David H. Atwell en Bue­nos Aires (1887), según señala Vic­tor Maxi­mi­lian Bert­hold, una de las auto­ri­da­des en la his­to­ria mun­dial de la tele­fo­nía. A su vez, la con­fi­gu­ra­ción terri­to­rial des­cen­tra­li­zada de Canadá ali­mentó la impli­ca­ción de los gobier­nos pro­vin­cia­les en la expan­sión del teléfono.

Existe un caso intere­sante de impli­ca­ción de los gobier­nos de estruc­tura terri­to­rial des­cen­tra­li­zada en la exten­sión del telé­fono a las zonas más des­abas­te­ci­das de ser­vi­cio en España, poco ren­ta­bles para la ini­cia­tiva pri­vada. Fue posi­ble cuando el sis­tema oli­gár­quico de la Res­tau­ra­ción bor­bó­nica, que abarca el reinado de Alfonso XII y pri­me­ros años del de Alfonso XIII (1876–1923), rom­piendo su rigi­dez para­li­zante, se des­pren­dió de sus pre­rro­ga­ti­vas en la regu­la­ción de los ser­vi­cios públi­cos y cedió com­pe­ten­cias a orga­nis­mos públi­cos no esta­ta­les, como dipu­tacio­nes, enti­da­des man­co­mu­na­das y cabil­dos. Se ade­lantó la dipu­tación vasca de Gui­púz­coa, den­tro de una región con honda tra­di­ción foral, y otras siguie­ron su ejem­plo, no sin que por el camino que­da­ran algu­nos inten­tos loa­bles. Vale la pena sub­ra­yar esta impli­ca­ción de la ini­cia­tiva pública no esta­tal en la crea­ción de las infra­es­truc­tu­ras de comu­ni­ca­ción de un país con una red tele­grá­fica pública y un sis­tema tele­fó­nico pre­do­mi­nan­te­mente pri­vado y deficiente.

El primer carnet de teléfono de Roses, expedido por la Mancomunidad de Cataluña a favor del alcalde, permitía efectuar llamadas telefónicas gratuitas en los locutorios del Grupo de l'Empordà.

El pri­mer car­net de telé­fono de Roses, expe­dido por la Man­co­mu­ni­dad de Cata­luña a favor del alcalde, per­mi­tía efec­tuar lla­ma­das tele­fó­ni­cas gra­tui­tas en los locu­to­rios del Grupo de l’Empordà.

Entre las actua­cio­nes públi­cas que tuvie­ron un éxito rela­tivo des­taca la red tele­fó­nica pública de un terri­to­rio igual­mente carac­te­ri­zado por su fuerte sen­ti­miento nacio­nal. Fue creada por la Man­co­mu­ni­dad de Cata­luña –enti­dad for­mada por las pro­vin­cias de Bar­ce­lona, Gerona, Lérida y Tarra­gona– en el pri­mer cuarto del siglo XX como una apuesta deci­dida por el ser­vi­cio uni­ver­sal en ese terri­to­rio. Sin embargo, no figura en los manua­les aun­que no falta en nin­guno de los estu­dios sobre la ‘obra realizada’.

Sin lugar a dudas, la crea­ción de una red tele­fó­nica pública es el logro más comen­tado por quie­nes, desde ángu­los bien dife­ren­tes a veces, se acer­can al estu­dio de la obra de la Man­co­mu­ni­dad de Cata­luña. Con todo, tales comen­ta­rios muy a menudo no supe­ran el esta­dio de la sim­ple alu­sión a los aspec­tos más visi­bles de la red, en espe­cial los kiló­me­tros de líneas, el número de cen­tra­les o la can­ti­dad de pue­blos pues­tos en comu­ni­ca­ción. Aspec­tos capi­ta­les como la orga­ni­za­ción, las opcio­nes tec­no­ló­gi­cas más allá de la espec­ta­cu­la­ri­dad de la pri­mera cen­tral auto­má­tica o, toda­vía más, la apor­ta­ción de los muni­ci­pios al esfuerzo man­co­mu­nal que­dan fuera de la aten­ción de los especialistas.

El carác­ter sin­gu­lar del caso de la red tele­fó­nica de la Man­co­mu­ni­dad de Cata­luña en pers­pec­tiva com­pa­rada, tanto a escala nacio­nal como inter­na­cio­nal, parece una reali­dad ajena a dis­cu­sión. Recur­sos eco­nó­mi­cos esca­sos y corta dura­ción de la expe­rien­cia, hecha tri­zas a causa de la supre­sión de la Man­co­mu­ni­dad por la dic­ta­dura del gene­ral Miguel Primo de Rivera (1923–1930), limi­ta­ron el alcance de un pro­yecto ambi­cioso e ilu­sio­nante, que pre­ten­día pres­tar un ser­vi­cio y, a la vez, con­ver­tirlo en ele­mento ver­te­bra­dor del terri­to­rio. Ras­gos fun­da­men­ta­les del caso estu­diado son su natu­ra­leza pública –valga la repetición-, la nota­ble enver­ga­dura de la obra rea­li­zada, los nume­ro­sos pro­yec­tos sin eje­cu­tar por cau­sas y con­di­cio­na­mien­tos varios y la pro­funda hue­lla en las ins­ti­tu­cio­nes que lle­va­ron a cabo el pro­grama y en los usua­rios. Esa heren­cia se extiende tam­bién al pro­pio sec­tor del telé­fono, puesto que la Com­pa­ñía Tele­fó­nica Nacio­nal de España (CTNE) hará suyos espí­ritu y letra del pro­grama de la Man­co­mu­ni­dad, es decir, la amplia­ción, la uni­fi­ca­ción y la moder­ni­za­ción del sis­tema tele­fó­nico espa­ñol. Este deta­lle nunca, que se sepa, ha sido puesto de relieve hasta el momento y apunta a la posi­bi­li­dad de influen­cias de pri­mera hora de la direc­ción de la Sec­ción de Telé­fo­nos en el pro­ceso de ges­ta­ción de CTNE, con­ver­tida en el mono­po­lio del ser­vi­cio tele­fó­nico en España.

Por encima de todo, lo que desataca es el enorme papel desem­pe­ñado por los Ayun­ta­mien­tos en la for­ma­ción de la red y en los resul­ta­dos. En otras pala­bras, esa gran ‘obra rea­li­zada’ tan­tas veces esgri­mida no hubiese sido posi­ble sin los recur­sos mate­ria­les, finan­cie­ros y per­so­na­les apor­ta­dos por las cor­po­ra­cio­nes muni­ci­pa­les, no siem­pre sobra­das de ellos.

Para mayor información:

CALVO, Ángel. Telé­fono para todos… o casi. La sin­gu­lar expe­rien­cia de la red de la Man­co­mu­ni­dad de Cata­luña, 1914–1925. Scripta Nova. Revista Elec­tró­nica de Geo­gra­fía y Cien­cias Socia­les. [En línea]. Bar­ce­lona: Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lona, 1 de julio de 2014, vol. XVIII, nº 481. <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-481.htm>. ISSN: 1138–9788.

Ángel Calvo es Pro­fe­sor Emé­rito de His­to­ria e Ins­ti­tu­cio­nes Eco­nó­mi­cas de la Uni­ver­si­dad de Barcelona.

Ficha biblio­grá­fica:

CALVO, Ángel. La red tele­fó­nica de la Man­co­mu­ni­trat de Cata­luña (1916–1924). Geo­cri­tiQ. 15 de marzo de 2016, nº 209. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2016/03/la-red-telefonica-de-la-mancomunitat-de-cataluna-1916–1924>

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