Una “Nueva Barcelona” en el Danubio fue el refugio de los exiliados de otra guerra civil

Ahora que la región de los Bal­ca­nes se con­vierte en ante­sala de Europa para los refu­gia­dos de la gue­rra civil de Siria, será bueno recor­dar el papel que ejer­ció aque­lla zona hace ya tres­cien­tos años. En con­creto, habla­mos de la fun­da­ción, y del fra­caso, de una colo­nia for­mada por los exi­lia­dos de la Gue­rra de Suce­sión de España (1702–1714). La ciu­dad se ubicó en el Banato de Temes­var y se llamó Nueva Bar­ce­lona. La región man­tiene hoy un aspecto abier­ta­mente plu­ri­na­cio­nal, de encru­ci­jada de cami­nos, y el recuerdo de la ciu­dad de los exi­lia­dos con­ti­núa vivo.

El Banato de Temes­var es una región natu­ral deli­mi­tada por los ríos Danu­bio, Tisza y Mures. Cons­ti­tuyó tam­bién una uni­dad polí­tica, con capi­tal en la actual Timi­soara, hasta el final de la I Gue­rra Mun­dial. Enton­ces, esta región de la gran lla­nura panona fue divi­dida entre Ruma­nía y Ser­bia. Tan sólo una pequeña franja sep­ten­trio­nal, alre­de­dor de Sze­ged, corres­pon­dió a Hungría.

Obvia­mente, los Esta­dos con­tem­po­rá­neos han fomen­tado la divi­sión del terri­to­rio, a tra­vés de redes de comu­ni­ca­ción que se igno­ran entre sí, cuando no se dan abier­ta­mente la espalda. Las fron­te­ras, ubi­ca­das en espa­cios extre­ma­da­mente pla­nos, pre­ten­den rom­per una tozuda con­ti­nui­dad natu­ral. Los trá­mi­tes buro­crá­ti­cos se han com­pli­cado tras las recien­tes gue­rras bal­cá­ni­cas y con la incor­po­ra­ción de Ruma­nía y Hun­gría a la Unión Euro­pea. Pero no son, en gene­ral, dema­siado pro­li­jos ni exhaustivos.

A una y otra parte de los lími­tes terri­to­ria­les de los Esta­dos se impone una nota­ble diver­si­dad cul­tu­ral y lin­güís­tica. Tanto en el área rumana como en la ser­bia, las seña­les de trá­fico están escri­tas en cua­tro len­guas: las ofi­cia­les de ambos esta­dos, más el ale­mán y el hún­garo. En Timi­soara, los ado­les­cen­tes o sus padres pue­den esco­ger entre los ins­ti­tu­tos de secun­da­ria ruma­nos, ger­má­ni­cos o magia­res, y los espec­ta­do­res pue­den asis­tir a fun­cio­nes tea­tra­les en las tres len­guas. La región del Banato ser­bio, la Voi­vo­dina, tiene hasta seis idio­mas oficiales.

Tras la caída del Muro de Ber­lín, muchos de los miem­bros de la mino­ría ale­mana del Banato emi­gra­ron a la RFA. En los últi­mos años una parte de los hún­ga­ros de Ruma­nía se han des­pla­zado a Hun­gría. En la Uni­ver­si­dad de Sze­ged ha aumen­tado tam­bién la pre­sen­cia de estu­dian­tes con pasa­porte ser­bio de len­gua y cul­tura magia­res. Sin embargo, aun­que en todas par­tes es cons­ta­ta­ble una ten­den­cia a la uni­for­mi­za­ción, el Banato con­ti­núa siendo un espa­cio hete­ro­gé­neo desde el punto de vista humano.

Las razo­nes his­tó­ri­cas de esta reali­dad social nos lle­van al Tra­tado de Pas­sa­ro­witz de 1718, que puso fin a la III Gue­rra Turca. El Banato de Temes­var fue incor­po­rado a la lla­mada Fron­tera Mili­tar de la monar­quía de los Habs­burgo, un espa­cio ges­tio­nado direc­ta­mente desde Viena por el Con­sejo de Gue­rra (Kriegs­rat) y la Cámara Impe­rial (Hof­kam­mer). Esta ins­ti­tu­ción fomentó a par­tir de la década de 1720 la repo­bla­ción de un terri­to­rio con gran­des posi­bi­li­da­des agrí­co­las, pero por enton­ces con gra­ves pro­ble­mas sani­ta­rios a causa de la amplia pre­sen­cia de zonas pan­ta­no­sas donde el palu­dismo era una enfer­me­dad endémica.

Provincia del Banato de Temesvar perteneciente al Imperio Austrohúngaro

Pro­vin­cia del Banato de Temes­var per­te­ne­ciente a la Monar­quía de los Habsburgo

La colo­ni­za­ción, tute­lada desde el Estado, fue pro­ta­go­ni­zada por pare­jas de cam­pe­si­nos jóve­nes, a quie­nes se les con­ce­die­ron tie­rras y medios para ini­ciar sus tareas. El conde Claude Mercy-Argenteau, gober­na­dor del Banato, se hizo cargo del pro­yecto, que incluía la cons­truc­ción de nue­vas ciu­da­des o colo­nias homo­gé­neas desde el punto de vista étnico. Los nue­vos pobla­do­res, ger­má­ni­cos y tam­bién magia­res, se dis­tri­bu­ye­ron en un com­pli­cado tablero de aje­drez donde ya resi­dían ruma­nos, ser­bios, rute­nos y otros colectivos.

Y desde 1735 tam­bién fue­ron a parar allí algu­nos cen­te­na­res de exi­lia­dos de la Gue­rra de Suce­sión de España. Aque­lla había sido sin duda la pri­mera gue­rra civil penin­su­lar (ade­más de un con­flicto de carác­ter mun­dial, con reper­cu­sio­nes en las dos Amé­ri­cas y en Asia). El éxodo que la siguió afectó a unas 30.000 per­so­nas, que cons­ti­tu­ye­ron el pri­mer exi­lio polí­tico his­pá­nico. Apro­xi­ma­da­mente la mitad de ellos eran cata­la­nes; el resto (valen­cia­nos, ara­go­ne­ses, cas­te­lla­nos) se habían refu­giado en Bar­ce­lona en los últi­mos com­pa­ses de la con­tienda. Los exi­lia­dos se des­pla­za­ron a tie­rras del empe­ra­dor Car­los VI, el Car­los III de sus segui­do­res his­pá­ni­cos. Muchos de ellos se esta­ble­cie­ron en Nápo­les o Milán, esta­dos incor­po­ra­dos a los domi­nios de los Habs­burgo por la Paz de Ras­tadt (1714). Los más afor­tu­na­dos se ins­ta­la­ron en Viena, donde cons­tru­ye­ron espa­cios de socia­bi­li­dad y de soco­rro, como el Hos­pi­tal de Espa­ño­les con su igle­sia de la Mer­ced o el Monas­te­rio de Mon­tse­rrat de Viena.

Aquel mundo sucum­bió tras la ocu­pa­ción bor­bó­nica de Nápo­les en 1734. Muchos exi­lia­dos que se habían esta­ble­cido allí veinte años atrás tuvie­ron que tras­la­darse enton­ces a Viena, donde gene­ra­ron una cri­sis huma­ni­ta­ria. En aquel con­texto, la admi­nis­tra­ción impe­rial miró hacia el Banato. La reemi­gra­ción de exi­lia­dos his­pá­ni­cos hacia aque­llas tie­rras de fron­tera se inició ya en la pri­ma­vera de 1735. Los exi­lia­dos lla­ma­ron Nueva Bar­ce­lona a la colo­nia que les fue adjudicada.

Sin embargo, la his­to­ria de la nueva ciu­dad fue breve y cruel. Los exi­lia­dos, algu­nos de eda­des avan­za­das y todos sin expe­rien­cia como agri­cul­to­res, no res­pon­dían pre­ci­sa­mente el modelo de colono enviado a abrir nue­vas tie­rras. Las enfer­me­da­des endé­mi­cas se ceba­ron sobre ellos. La pobla­ción, for­mada por unas 800 per­so­nas, se redujo a la mitad en tan sólo unos meses. La mayo­ría reemi­gró a Viena o Buda en los años siguien­tes. Hoy la Nueva Bar­ce­lona es Zren­ja­nin, la ciu­dad más impor­tante del Banato ser­bio, con unos 80.000 habi­tan­tes. De aque­lla fun­da­ción difí­cil sólo que­dan algu­nos recuer­dos con­ser­va­dos en el Museo Nacio­nal y en el archivo del obis­pado cató­lico – ade­más de la mag­ní­fica docu­men­ta­ción que cus­to­dia el Hof­kam­me­rar­chiv de Viena.

Para mayor información:

ALCOBERRO, Agustí. La “Nova Bar­ce­lona” del Danubi (1735–1738). La ciu­tat dels exi­liats de la Gue­rra de Suc­ces­sió. Bar­ce­lona: Rafael Dal­mau ed., 2011.

ALCOBERRO, Agustí. El pri­mer gran exi­lio polí­tico his­pá­nico: el exi­lio aus­tra­cista. In Alba­reda, Joa­quim (ed.): El declive de la monar­quía y del impe­rio espa­ñol. Los tra­ta­dos de Utre­cht (1713–1714). Bar­ce­lona: Crí­tica, 2015, p. 173–224.

Agustí Alco­be­rro es pro­fe­sor de His­to­ria Moderna en la Uni­ver­si­dad de Barcelona

Ficha biblio­grá­fica:

ALCOBERRO, Agustí. Una “Nueva Bar­ce­lona” en el Danu­bio fue el refu­gio de los exi­lia­dos de otra Gue­rra Civil. Geo­cri­tiQ. 15 de febrero de 2016, nº 203. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2016/02/una-nueva-barcelona-en-el-danubio-fue-el-refugio-de-los-exiliados-de-otra-guerra-civil>

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