La destrucción de la ciudad horizontal: urbanismo y resistencia en las casas baratas de Barcelona

El barrio de Bon Pas­tor en Bar­ce­lona está en pro­ceso de demo­li­ción. Su forma urbana, con­si­de­rada obso­leta por las auto­ri­da­des muni­ci­pa­les, esconde en cam­bio unos valo­res his­tó­ri­cos y socia­les que pue­den repre­sen­tar un modelo para la ciu­dad del futuro. Sólo hace falta reco­no­cer­los, y encon­trar la manera de pre­ser­var­los del derribo.

Hay pun­tos de la ciu­dad en que se con­cen­tran tan­tas con­tra­dic­cio­nes y ten­sio­nes, que no se puede tocar­los sin que se abra una caja de Pan­dora. Su misma exis­ten­cia cues­tiona las ver­sio­nes ofi­cia­les de la his­to­ria; la ciu­dad vista desde allí revela aspec­tos de su fun­cio­na­miento invi­si­bles desde otros luga­res. En Bar­ce­lona, este es el caso de las casas bara­tas: cua­tro gru­pos de vivien­das públi­cas de planta baja, cons­trui­dos a fina­les de los años veinte para alo­jar a barra­quis­tas, jor­na­le­ros migran­tes y otros sec­to­res ‘inde­sea­bles’ de la pobla­ción, que las cla­ses diri­gen­tes desea­ban ale­jar del cen­tro de la ciu­dad. El Ayun­ta­miento pre­ten­día así ‘redi­mir’ a estos sec­to­res de pobla­ción difí­cil­mente con­tro­la­bles, ofre­cien­do­les casas higié­ni­cas y a la vez difi­cul­tando su acceso a la ciu­dad, en una forma no muy dife­rente de lo que hoy ocu­rre con los cam­pos de refugiados.

Barrio del Bon Pastor, de casas baratas, en Barcelona (fotografía del autor).

Barrio del Bon Pas­tor, de casas bara­tas, en Bar­ce­lona (foto­gra­fía del autor).

Sin embargo, los habi­tan­tes de estos barrios toma­ron rápi­da­mente el con­trol de estos  espa­cios, creando den­sas redes de apoyo mútuo y ges­tión del terri­to­rio, que en parte con­tri­bu­ye­ron a que la revo­lu­ción social de los años treinta tuviera aquí sus bases de apoyo prin­ci­pa­les. A pesar de las repre­sa­lias sufri­das durante la dic­ta­dura de Fran­cisco Franco – que con­si­de­raba todos los habi­tan­tes de estos barrios como unos ‘rojos’ –, a pesar tam­bién de la mar­gi­na­li­dad social que siguió cre­ciendo incluso des­pués de la muerte del dic­ta­dor, con la difu­sión de la heroina, una parte del carác­ter rebelde y auto­ges­tio­na­rio de estos barrios se man­tuvo vivo y activo hasta hoy. Si bien ya no tie­nen la carac­te­ri­za­ción explí­ci­ta­mente polí­tica que tuvie­ron hace ochenta años, las redes de apoyo entre veci­nos en las casas bara­tas aún hoy a menudo desem­bo­can en gran­des momen­tos de fiesta colec­tiva (como las memo­ra­bles ver­be­nas de Sant Joan, cuando se encien­den hogue­ras en cada cruce de calles) o de revuelta popu­lar (como las jor­na­das de ocu­pa­ción gene­ra­li­zada de las casas vacías que hubo en 1988 y en 2010). No con pala­bras, sino con hechos, los habi­tan­tes reivin­di­can así que las casas y las calles ‘son suyas’, a pesar de la titu­la­ri­dad muni­ci­pal, y de los con­tra­tos de alqui­ler: de hecho, fue­ron ellos quié­nes las cui­da­ron durante los lar­gos años de aban­dón muni­ci­pal, con­vir­tiéndo unos espa­cios inhós­pi­tos y degra­da­dos en peque­ñas ‘ciu­da­des jar­dín’ en los már­ge­nes de la metrópolis.

Así que en estos luga­res se esconde otra legi­ti­mi­dad, otros códi­gos de valo­res, que los habi­tan­tes se siguen trans­mi­tiendo oral­mente de una gene­ra­ción a la otra. No extraña que el pro­yecto de derribo inte­gral de estos barrios tenga pro­fun­das con­seuen­cias socia­les. Con las Olim­pia­das de 1992, el Ayun­ta­miento demo­lió dos gru­pos de casas bara­tas; el más grande, el de Bon Pas­tor, empezó a caer en 2007. Su demo­li­ción fue cele­brada como una mejora incues­tio­na­ble que las admi­nis­tra­cio­nes ofre­cían a los habi­tan­tes, gra­cias a las típi­cas retó­ri­cas ‘par­ti­ci­pa­ti­vas’ para las cua­les el Ayun­ta­miento de Bar­ce­lona se ha con­ver­tido en un refe­rente mun­dial; sin embargo, para desa­lo­jar a varias fami­lias de las casas bara­tas, tuvie­ron que inter­ve­nir los núcleos de anti­dis­tur­bios de la Guar­dia Urbana, que car­ga­ron con vio­len­cia sobre los veci­nos. En los nue­vos edi­fi­cios ‘ver­ti­ca­les’ en que se realo­ja­ron parte de los habi­tan­tes, es impo­si­ble tras­la­dar aque­lla com­ple­ji­dad rela­cio­nal que se había cons­truido en déca­das de paciente media­ción de la con­vi­ven­cia en las calles. Los habi­tan­tes ya antes de empe­zar los derri­bos sabían que los con­flic­tos entre ellos se mul­ti­pli­ca­rían, sin una red social que los con­tu­viera: pero sus redes socia­les esta­ban estre­cha­mente vin­cu­la­das a la forma física del barrio. Aun­que los nue­vos espa­cios pri­va­dos res­pon­den mucho mejor a los cri­te­rios de salu­bri­dad y habi­ta­bi­li­dad ahora domi­nan­tes, el espa­cio público ha sido des­po­seído con vio­len­cia de la ‘hori­zon­ta­li­dad’ rela­cio­nal que había per­mi­tido a miles de per­so­nas vivir dig­na­mente, incluso en los peo­res años de la mise­ria y la represión.

A tra­vés de los dis­cur­sos de sus habi­tan­tes, dura­mente gol­pea­dos por la cri­sis eco­nó­mica de 2008, pode­mos enten­der como la ciu­dad moderna se cons­truya gra­cias a la ero­sión de todo lo que hacía que valiera la pena vivir en ella. Con­tra esa vivi­bi­li­dad – o con­vi­ven­cia­li­dad – auto­ges­tio­nada, tra­ba­ja­ron durante años tanto la dic­ta­dura, como la igle­sia, y hasta los par­ti­dos y sin­di­ca­dos de la izquierda: por­que el poder de auto­ges­tión de las calles es estruc­tu­ral­mente impermea­ble a las auto­ri­da­des, cual­quiera sea su signo polí­tico. Éste era el capi­tal social de las casas bara­tas de Bar­ce­lona, el patri­mo­nio etno­grá­fico escon­dido en sus calles: la uto­pía a veces rea­li­zada de una ‘con­tra­so­cie­dad’ que se repro­du­cía en los már­ge­nes de la ciu­dad, a espal­das y a escon­di­das de los inten­tos de con­trol y de con­quista. Reco­men­da­mos que visi­téis el barrio de Bon Pas­tor, para com­pren­der la vio­len­cia que ha acom­pa­ñado la caída de una las últi­mas ciu­da­des hori­zon­ta­les que había en Europa, y su suplan­ta­ción por un dis­curso neo­de­sa­rro­llista y nor­ma­li­za­dor; pero, sobre todo, que lle­véis el recuerdo de esta des­truc­ción a vues­tros barrios y ciu­da­des, para que los erro­res y los horro­res del ‘modelo Bar­ce­lona’ no se repi­tan en otras par­tes del mundo.

Para mayor información:

PORTELLI, Ste­fano. La ciu­dad hori­zon­tal: urba­nismo y resis­ten­cia en un barrio de casas bara­tas de Bar­ce­lona. Bar­ce­lona, Edi­cions Bella­te­rra, 2015.

Ste­fano Por­te­lli (stefanoportelli1976@gmail.com) es antro­pó­logo cul­tu­ral, es miem­bro del Grup de Tre­ball Peri­fè­ries Urba­nes del Ins­ti­tuto Cata­lán de Antro­po­lo­gia (http://periferiesurbanes.org) y del Obser­va­tori d’Antropologia del Con­flicte Urbà (http://observatoriconflicteurba.org/).

Ficha biblio­grá­fica:

PORTELLI, Ste­fano. La des­truc­ción de la ciu­dad hori­zon­tal: urba­nismo y resis­ten­cia en las casas bara­tas de Bar­ce­lona. Geo­cri­tiQ. 1 de julio de 2015, nº 150. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2015/07/urbanismo-y-resistencia-en-las-casas-baratas-de-barcelona>

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