¿Qué fue de la caña?

Por cada cien cañas pela­das, paga­ban una peseta!” recor­daba nos­tál­gico uno de los tra­ba­ja­do­res del Museu d’Art de Girona mien­tras reti­rá­ba­mos la ins­ta­la­ción de “Inves­ti­ga­ció Can­yera” del fes­ti­val Temps de Flors 2015. Muchas son las per­so­nas que recuer­dan a un abuelo api­lando cañas para su huerto de toma­tes, las vallas de cañizo o al ces­tero tra­ba­jar con esta planta inva­sora tan natu­ra­li­zada en nues­tras tie­rras, que incluso Serrat la home­na­jea en su mítica can­ción “Mediterráneo”.

La caña (Arundo Donax L) es, en efecto, es una espe­cie vege­tal inva­sora, pro­ce­dente de Asia, que colo­niza las ribe­ras de nues­tros ríos, torren­te­ras y cana­les, sobre todo en los cli­mas medi­te­rrá­neos, des­pla­zando a la vege­ta­ción autóc­tona de ribera, y en con­se­cuen­cia, gene­rando un des­equi­li­brio en los eco­sis­te­mas flu­via­les. Anti­gua­mente, gra­cias a la explo­ta­ción y uso masivo al que esta planta estaba some­tida, ésta pare­cía no repre­sen­tar un pro­blema grave para dichos ecosistemas.

Festival de Arte i de arquitectura 2015 en Verekynthos, Souda, XANIA, Creta, Grècia (fotografía del autor).

Fes­ti­val de Arte i de arqui­tec­tura 2015 en Verekynt­hos, Souda, XANIA, Creta, Grè­cia. (Foto­gra­fía del autor).

Por los res­tos arqueo­ló­gi­cos encon­tra­dos en algu­nos yaci­mien­tos ibé­ri­cos (como el de Mont­bar­bat, en Llo­ret de Mar, donde la hue­lla de las cañas apa­rece en un adobe de barro) se cree que al menos des de hace más de dos mil años la caña está pre­sente en la cuenca Medi­te­rrá­nea occi­den­tal y que se usaba en cons­truc­ción. Otros estu­dios sitúan su intro­duc­ción masiva mucho más tarde, sobre los inicios del siglo XVI, y en este caso se cul­ti­vaba para la for­ma­ción de barre­ras o cor­ta­vien­tos, como mate­rial de cons­truc­ción y como fija­ción para el con­trol de la ero­sión en cana­les de drenaje.

Si nos fija­mos un poco, encon­tra­mos un uso inten­sivo de este mate­rial en cada rin­cón de nues­tra geo­gra­fía: Desde las Barra­ques del Detla de l’Ebre, las de canya i borró de la huerta de Valen­cia, inmor­ta­li­za­das por Blasco Ibá­ñez en su céle­bre novela, los seca­do­res para higos y pasas en Fraga, los fal­sos techos de l’Eixam­ple de Bar­ce­lona, como enco­fra­dos y cim­bras en bóve­das medie­va­les de l’Empordà, como techo o for­jado (entre­vi­gado) que encon­tra­mos des de las masías de Girona hasta las casas de las Alpu­ja­rras (Anda­lu­cía), tam­bién en tabi­ques y pare­des, mez­clada con yeso, con tie­rra con cal, tren­zada, cosida, abierta, entera…

Pero el olvido un día llegó, impla­ca­ble: el pro­greso de los mate­ria­les indus­tria­les des­plazó de la obra a la caña y ape­nas se supo nada más de ella . Segu­ra­mente por el boom de la cons­truc­ción, por el aban­dono del campo, en la época de la gran indus­tria­li­za­ción de los años 60 y 70 del pasado siglo, o sim­ple­mente por­qué quedó obso­leta, se per­dió y con ella los ofi­cios y arte­sa­nos rela­cio­na­dos con la caña: los ces­te­ros, los cons­truc­to­res de barra­cas, los cañi­za­do­res, etc. Todos ellos pasa­ron a la his­to­ria, a for­mar parte de museos etno­grá­fi­cos, del patri­mo­nio per­dido de España, de los pro­gra­mas de tele­vi­sión nos­tál­gi­cos de una época reciente tan lejana como des­co­no­cida. Se aban­do­na­ron las herra­mien­tas y los maes­tros de obra y arte­sa­nos no tuvie­ron apren­di­ces a quie­nes ense­ñar el ofi­cio, que de no reme­diarse, se per­derá con ellos inexorablemente.

Sin embargo ni el olvido ni la mar­gi­na­ción de estas téc­ni­cas en los pla­nes de estu­dio han des­ani­mado a algu­nos gru­pos de estu­dian­tes y pro­fe­sio­na­les vin­cu­la­dos al mundo de la arqui­tec­tura para empren­der un viaje a tra­vés de este mate­rial. Y es así, mediante la inves­ti­ga­ción, la expe­ri­men­ta­ción y el tra­bajo, se pue­den recu­pe­rar estos cono­ci­mien­tos apli­ca­dos a nue­vas for­mas y espa­cios adap­ta­dos a las nece­si­da­des actua­les. Por­qué es así, sólo mediante la inves­ti­ga­ción y la divul­ga­ción que sere­mos capa­ces de reva­lo­ri­zar este cono­ci­miento, y este material.

No tene­mos que olvi­dar, pero, que nos encon­tra­mos ante la com­pli­cada tarea de res­ca­tar el cono­ci­miento acu­mu­lado durante años y siglos por arte­sa­nos y gre­mios, cuyos úni­cos tes­ti­gos se encuen­tran más allá de la edad de jubilación.

Espe­ra­mos que con la reciente la apro­ba­ción del Plan Nacio­nal de la Arqui­tec­tura Tra­di­cio­nal, se con­siga el apoyo ins­ti­tu­cio­nal nece­sa­rio para poder res­pi­rar un poquito más tran­qui­los y mirar al futuro con la con­fianza sufi­ciente para avan­zar y no repe­tir los erro­res del pasado reciente. Por­qué si algo nos ha ensa­ñado el camino andado hasta ahora, es que es muy fácil per­der el cono­ci­miento de los bue­nos ofi­cios, y es muy difí­cil recu­pe­rarlo para vol­ver a empezar.

Para mayor información:

ANDÚJAR, Rabin­dra­nath, FANDO, Marc, PALOU, Oriol, PERIS, Bruno y MARISTANY, Jordi. Estudi del com­por­ta­ment mecà­nic d’arcs de canya Arundo Donax // Estu­dio del com­por­ta­miento mecá­nico de arcos de caña Arundo Donax. Qua­derns d’estructures, 2013, nº 46.

Marc Fando es arqui­tecto y miem­bro del grupo Inves­ti­ga­ció Can­yera, Barcelona.

Ficha biblio­grá­fica:

FANDO, Marc. ¿Qué fue de la caña? Geo­cri­tiQ. 5 de julio de 2015, nº 151. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2015/07/que-fue-de-la-cana>

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