Hambre en Europa: economía política y salud

El sig­ni­fi­cado cul­tu­ral y social del ham­bre cam­bió desde comien­zos del siglo XX. Estu­dios expe­ri­men­ta­les des­ve­la­ron la fun­ción de los nutrien­tes y explo­ra­cio­nes clí­ni­cas deli­mi­ta­ron las cate­go­rías de la malnu­tri­ción. La gran cri­sis inter­na­cio­nal que afectó a Europa entre 1914 y 1945 dio gran rele­van­cia eco­nó­mica y social a la dieta y a los pro­ble­mas deri­va­dos del ham­bre. Como con­se­cuen­cia de la cri­sis pro­vo­cada por la Gran Gue­rra, los con­flic­tos inter­na­cio­na­les, la cri­sis de los años 30 y la reor­ga­ni­za­ción del mapa colo­nial, la pro­duc­ción y con­sumo de ali­men­tos pasó a ser una cues­tión de Estado y un asunto de polí­tica inter­na­cio­nal. La inves­ti­ga­ción cien­tí­fica no solo generó cono­ci­miento, tam­bién fue un refe­rente para las polí­ti­cas agrí­co­las y de salud pública. El ham­bre aso­ciada a la pobreza era uno de los tra­di­cio­na­les fac­to­res natu­ra­les de regu­la­ción de la pobla­ción, junto con la gue­rra, la cri­sis eco­nó­mica, o la catás­trofe. Sin embargo, ali­men­ta­ción y nutri­ción alcan­za­ron una dimen­sión dife­rente cuando se some­tie­ron al aná­li­sis cien­tí­fico, y devi­nie­ron en fac­tor clave de la polí­tica eco­nó­mica inter­na­cio­nal, estra­té­gico en tiempo de guerra.

En este con­texto, el experto se con­vir­tió en refe­rente para la salud pública y las polí­ti­cas de bie­nes­tar. Durante el período entre­gue­rras, el ham­bre y la pobreza sur­gie­ron como pro­blema eco­nó­mico y polí­tico aso­ciado al dere­cho a la salud. Las orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les, en cola­bo­ra­ción con los Esta­dos y las aso­cia­cio­nes filan­tró­pi­cas, impul­sa­ron la inves­ti­ga­ción expe­ri­men­tal, encues­tas die­té­ti­cas y tra­ta­ron de coor­di­nar la pro­duc­ción y el comer­cio de ali­men­tos según nece­si­da­des caló­ri­cas y de prin­ci­pios inme­dia­tos. La medi­ca­li­za­ción del ham­bre la cla­si­ficó en tér­mi­nos de caren­cia, defi­cien­cia y malnu­tri­ción, con un amplio aba­nico de categorías.

La Socie­dad de Nacio­nes, la OIT, el Ins­ti­tuto Inter­na­cio­nal de Agri­cul­tura, la FAO, el UNRRA y la OMS, impul­sa­ron for­mas de eco­no­mía polí­tica de la salud y la ali­men­ta­ción. La gran cri­sis entre 1914 y 1945 llevó a los Esta­dos a actuar como agente esta­bi­li­za­dor, fun­ción que se acen­tuó durante la Gue­rra Fría, con la pro­pa­ga­ción del para­digma key­ne­siano y el impulso de polí­ti­cas públi­cas. La apa­ri­ción del ham­bre y la malnu­tri­ción como pro­blema eco­nó­mico, polí­tico y sani­ta­rio, trans­formó a la pobla­ción euro­pea en un gran labo­ra­to­rio clí­ni­coe prin­ci­pal­mente afec­ta­ban a lasn la . Se car­to­gra­fia­ron nive­les de des­nu­tri­ción, espe­cial­mente en zonas rura­les, se cla­si­fi­ca­ron defi­cien­cias nutri­cio­na­les y se defi­nie­ron pará­me­tros de dieta equi­li­brada.  La cien­cia de la nutri­ción se con­vir­tió en sus­tento de polí­ti­cas de racio­na­miento, fun­da­mentó la indus­tria­li­za­ción y las polí­ti­cas de racio­na­miento o dieta mínima. La eco­no­mía polí­tica de la ali­men­ta­ción pare­cía ini­ciar el camino de una nueva sociedad.

20140091_imagen Josep L Barona

Con­se­cuen­cia de la eco­no­mía polí­tica del ham­bre fue­ron los pro­gra­mas de edu­ca­ción nutri­cio­nal, los estu­dios clí­ni­cos sobre malnu­tri­ción, las nor­mas de cali­dad de los ali­men­tos, las tablas de com­po­si­ción de ali­men­tos, las nor­mas de racio­na­miento. La indus­tria­li­za­ción, lla­mada a pro­du­cir ali­men­tos más bara­tos y acce­si­bles, era la punta de lanza de un pro­ceso amplio de movi­li­za­ción eco­nó­mica y social. Los des­em­plea­dos, las emba­ra­za­das, los esco­la­res, los cam­pe­si­nos, los obre­ros y las pobla­cio­nes rura­les eran el prin­ci­pal obje­tivo de esa polí­tica inter­na­cio­nal. La ali­men­ta­ción y la dieta no eran solo cues­tión de eco­no­mía, fisio­lo­gía y super­vi­ven­cia: la nutri­ción comu­ni­ta­ria era cru­cial para la esta­bi­li­dad social, herra­mienta polí­tica para superar la cri­sis y civi­li­zar, de acuerdo a patro­nes cien­tí­fi­cos y valo­res libe­ra­les. Sin embargo, una vez los pro­ble­mas nutri­cio­na­les se habían car­to­gra­fiado, la acción polí­tica y la gober­nanza eco­nó­mica reque­ría accio­nes glo­ba­les que fra­ca­sa­ron ante los intere­ses del mer­cado. Así, en la década de 1940, las enfer­me­da­des caren­cia­les habían sido iden­ti­fi­ca­das y eva­lua­das. Sin embargo, la eco­no­mía polí­tica de los ali­men­tos se mos­tró inca­paz de ali­viar el pro­blema. Los cam­pos de inter­na­miento fue­ron el labo­ra­to­rio de inves­ti­ga­ción más dra­má­tico, donde se esta­ble­cie­ron los lími­tes del ham­bre y la ina­ni­ción. El cono­ci­miento cien­tí­fico no pro­vocó una res­puesta polí­tica glo­bal ni cam­bió la diná­mica del mer­cado de ali­men­tos, solo aportó los fun­da­men­tos cien­tí­fi­cos y téc­ni­cos para el desa­rro­llo de una indus­tria ali­men­ta­ria potente, impul­sando ade­más la pro­duc­ción far­ma­céu­tica de nutrien­tes y vita­mi­nas. La ali­men­ta­ción entró en el gran mer­cado de los anun­cios, la publi­ci­dad y marketing.

Las polí­ti­cas ali­men­ta­rias impul­sa­das entre 1920 y 1950 aca­ba­ron en un fiasco. Fra­ca­sa­ron las pro­pues­tas más ambi­cio­sas de crea­ción de un Con­sejo Mun­dial de Ali­men­tos [World Food Board] en el seno de la FAO (1946), y eso pro­vocó la dimi­sión de su pri­mer direc­tor gene­ral, el esco­cés John Boyd Orr a los pocos meses de su nom­bra­miento. La regu­la­ción mun­dial de la pro­duc­ción y el comer­cio entraba en coli­sión con los intere­ses de las gran­des poten­cias. El nuevo enfo­que hacia una polí­tica ali­men­ta­ria mun­dial, pro­mo­vido por la FAO y otras orga­ni­za­cio­nes inter­na­cio­na­les en su etapa fun­da­cio­nal, se fue desa­rro­llando de la mano de la lla­mada socie­dad civil glo­bal, el ros­tro más ama­ble de la glo­ba­li­za­ción. Desde su crea­ción en Hot Springs (1943), la FAO había des­ta­cado la impor­tan­cia de las coope­ra­ti­vas de ayuda mutua y de la cul­tura demo­crá­tica para la pro­duc­ción agrí­cola y la dis­tri­bu­ción de ali­men­tos. Sin embargo, el mer­cado glo­bal, basado en la explo­ta­ción y no en la equi­dad, carece de ins­tru­men­tos y capa­ci­dad de regu­la­ción para erra­di­car el ham­bre, en una etapa en la que la pro­duc­ción glo­bal de ali­men­tos per­mi­ti­ría una ali­men­ta­ción digna para todos.

A pesar de que el ham­bre ha regre­sado a Europa y azota dura­mente a la socie­dad espa­ñola, sigue sin apa­re­cer en la agenda polí­tica. El ham­bre y la des­nu­tri­ción infan­til son la ima­gen trá­gica del fra­caso de la eco­no­mía polí­tica glo­bal para coor­di­nar la pro­duc­ción de ali­men­tos, el comer­cio, los pre­cios de los pro­duc­tos bási­cos y el acceso al con­sumo. La escasa influen­cia de las ini­cia­ti­vas nacio­na­les e inter­na­cio­na­les, que requie­ren la sabia com­bi­na­ción de tec­no­cien­cia, pro­duc­ción, regu­la­ción y polí­tica, han hecho rebro­tar el ham­bre en la socie­dad del cono­ci­miento y la opu­len­cia, lo que, sin la inter­ven­ción efi­caz del Estado, repre­senta un nuevo ajuste demo­grá­fico natu­ral deri­vado de la diná­mica per­versa del capi­ta­lismo global.

Para mayor información:

BARONA, Josep L. La medi­ca­li­za­ción del ham­bre. Eco­no­mía polí­tica de la ali­men­ta­ción en Europa, 1918–1960. Bar­ce­lona, Ica­ria, 2014,  317 p.

Josep L. Barona es cate­drá­tico de his­to­ria de la cien­cia en la Uni­ver­si­tat de València

Ficha biblio­grá­fica:

BARONA, Josep L. Ham­bre en Europa: eco­no­mía polí­tica y salud. Geo­cri­tiQ. 15 de noviem­bre de 2014, nº 98. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/11/hambre-en-europa-economia-politica-y-salud/>

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