Terrorismo a la carta

[E]l 4 de octubre se cumplirán trece años de la muerte en Boca Ratón (Florida) de Robert Stevens, editor gráfico del grupo de comunicación American Media, al recibir una carta contaminada con ántrax. Desde entonces no se ha dejado de hablar del carbunco (ántrax). La última vez que saltó a la prensa fue este verano, a mediados de junio, cuando en el laboratorio de bioseguridad del Centro estadounidense para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), ochenta y cuatro científicos y otros miembros del Centro estuvieron expuestos a la contaminación por ántrax por un fallo en los protocolos de seguridad.

Poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 perpetrados en las torres gemelas en Nueva York, el mundo se conmovía de nuevo cuando comenzaron las muertes por la inhalación de las esporas de carbunco o ántrax que viajaban en las cartas. Las primeras de estas cartas estaban fechadas el 18 de septiembre de 2001 (tan solo una semana después de los atentados), en Trenton (Nueva Jersey). Los destinatarios fueron principalmente medios de comunicación: New York Post, ABC News, CBS News, etc. Murieron cinco personas por la inhalación del carbunco. Dos de ellas, Thomas Morris Jr. y Joseph Curseen, que fallecieron el 22 y 23 de octubre, eran empleados de correos de Brentwood en Washington.

Todas las víctimas habían tenido relación con el correo que contenía esporas de carbunco. Este medio de propagación sembró el pánico ante un posible ataque bacteriológico, tras el que se escondía la figura de Osama Bin Laden y Al Qaeda. De hecho, actualmente todavía continúa la psicosis. En 2004 tres edificios del Senado de Estados Unidos fueron desalojados después de que las fuerzas de seguridad detectaran ricina en el correo dirigido a la oficina del líder de la mayoría republicana en el Senado. Y desde el 2001 se cambiaron los protocolos postales del Capitolio y la Casa Blanca y las cartas se examinan en una nave fuera de Washington.

La amenaza de las cartas con ántrax se extendió rápidamente a cualquier rincón del mundo. Cientos de personas y miles de cartas fueron analizados en laboratorios y hospitales. Aparecieron cartas con posibles esporas de carbunco en países como Eslovaquia, Alemania, Japón, España, México, etc. El proceso de globalización alcanzaba el bioterrorismo y su capacidad destructora podía ser tan grande como la de los ejércitos. Sin embargo, el análisis y desinfección de las cartas no era en absoluto una novedad.

Herramienta para perforar las cartas y carta desinfectada con indicación Netta dentro i fuera

Herramienta para perforar las cartas y carta desinfectada con indicación Netta dentro i fuera (fotografías del autor).

Métodos de desinfección de las cartas

Cuando todavía no se conocían los agentes causantes de las epidemias, se creía que el contagio se debía a unos cuerpos minúsculos que se propagaban por contacto. El tener contacto con objetos de una persona infectada podía significar la muerte, ya que posiblemente en ellos se encontraban la causa de la enfermedad. Para intentar combatir estos brotes infecciosos los objetos de los muertos o enfermos eran quemados o desinfectados por medio de humo, vapores, etc. Sin embargo, las cartas, con las que se tenía un contacto directo, aun pudiendo estar contaminadas, no podían destruirse debido a la importancia que tenía su contenido, es decir el mensaje que portaban, y tampoco  podían detenerse. Por ello, se buscaron diferentes medios para poder desinfectarlas. Se dictaron órdenes e instrucciones que afectaban tanto a la desinfección de las cartas como a las personas que las transportaban desde una zona infectada.

La primera orden que se conoce al respecto la dictó el municipio de Hannover el 28 de octubre de 1680. En ella se estableció la fumigación de las cartas procedentes de territorios sospechosos de sufrir epidemias. Unos años después, en 1710, también en la actual Alemania, las autoridades del ducado de Mecklenburg-Schwerin publicaron unas instrucciones para que el papel utilizado para escribir cartas se sumergiese en una especial “pestilencia de vinagre” y que el empleado de Correos lo fumigara con unos polvos.

En 1720 la peste azotó Marsella. Esto provocó la primera instrucción al respecto que se promulgó en Cataluña El capitán general Francisco Pío de Saboya, marqués de Castel Rodrigo, el 17 de septiembre de 1720 publicó el Edicto General Comprenhensivo de todas las Reales Disposiciones y Órdenes y de los Edictos e Instrucciones Providencias Generales dadas a este Principado de Cataluña para preservarle y resguardarle de la Peste o Contagio que aflige à la Provenza. En él se decía que a los correos ordinarios o extraordinarios procedentes de Francia o Italia que “padecieren la menor sospecha de haver entrado o podido entrar en las cercanías de Marsella se les obligasse a hazer cuarentena, y recogiendo las cartas que traxeren, se echasen al vinagre y se sahumasen”.

En especial las comunicaciones epistolares entre Europa y América fueron aumentando de forma continuada hasta bien entrado en siglo XX. Y como tanto en las ciudades portuarias como en los barcos se producían con frecuencia brotes de epidemias, muchas de las cartas que cruzaron el Atlántico en uno u otro sentido tuvieron que ser desinfectadas. Los métodos de desinfección cambiaron a lo largo del tiempo. A los baños de vinagre y de agua de mar se unieron otros como la fumigación. Se idearon para ello diferentes herramientas que perforaban las cartas, para que pudieran penetrar los vapores o líquidos en su interior. Por otra parte, saber que una carta había sido desinfectada era importante para la persona que la recibía. Por ello, numerosos países emplearon sellos, etiquetas y marcas especiales, por ejemplo Netta dentro i fuera, con las que se marcaba el anverso del sobre de las cartas indicando de esta forma que habían sido desinfectadas.

Para mayor información:

AGUILAR, Antonio y MARTÍNEZ, Gaspar. El correo infectado (siglos XVIII y XIX).  Historia 16, junio 2004, nº 338, p. 104-114.

Antonio Aguilar Pérez es Geógrafo y funcionario de Correos en Barcelona. Ha sido profesor asociado en la facultad de Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la Universitat Autònoma de Barcelona. Realiza la tesis doctoral en la Universidad de Barcelona titulada “Desarrollo y extensión de la red de Correos en Cataluña (1714-1936)”.

 

Ficha bibliográfica:

AGUILAR, Antonio. Terrorismo a la carta. Geo­cri­tiQ. 30 de octu­bre de 2014, nº 94. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/10/terrorismo-a-la-carta/>

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *