Revalorizar el patrimonio histórico o morir

[S]ituada a 20 km al sur de Hellín (Albacete) y con una tradición azufrera de más de 400 años, aparece la pedanía de Las Minas, que debe su nombre precisamente a esta enrevesada industria del alcrebite (azufre) que durante toda su vigencia fue capaz de posicionarse como la número uno a nivel nacional, llegando a producir más de 6 millones de kg de este mineral en torno a 1910.

No solo tuvo repercusiones en el contexto español, sino que también logró alcanzar un gran reconocimiento internacional, sobre todo a nivel europeo, superando las dificultades de desarrollo que dan las limitaciones de un espacio rural que por aquel entonces carecía de innovaciones tecnológicas y de capital que augurasen un futuro prometedor para este sector industrial.

Ya en época romana se explotaba esta mina, aunque la actividad nada tenía que ver con los métodos empleados posteriormente, ya que al encontrarse el azufre oculto en el subsuelo, se iba extrayendo de una manera espontánea, empleándose principalmente como herramienta para el alumbrado.

Con la llegada del periodo árabe, fue cuando comenzaron a encontrarse los primeros datos fidedignos sobre la existencia del azufre en estas minas, reflejados en textos de importantes geógrafos musulmanes. Si bien, lo más curioso de su descubrimiento posterior es que fue un acontecimiento totalmente fortuito ya que durante la quema de rastrojos en una zona aledaña, cuando el fuego se extendió más de la cuenta llegando a este espacio, provocó la quema del azufre, que se encontraba oculto en el subsuelo, y el fuerte olor que desprendió fue el indicador preciso que dio conocimiento de la existencia de este mineral.

Así, el año 1562, en el que se produjo este accidente, marcó un antes y un después en la explotación de este espacio minero. Tras pasar la propiedad de las tierras por varias manos privadas, con la llegada de Felipe II al trono, y posteriormente durante los siglos XVII-XVIII el dominio de este territorio quedó a cargo de la corona, donde los asentistas (contratados por la misma) eran quienes se encargaban de la explotación de estas minas, cumpliendo las funciones de contadores, veedores y administradores.

Los problemas de un sistema de aprovechamiento y extracción del azufre tradicional, pronto comenzaron a hacer mella en los beneficios, y ello unido a la competencia a nivel internacional que suponía el azufre siciliano, no dejaron buenos resultados para esta época de dominio público. Si bien, a nivel nacional la importancia de esta industria era crucial, puesto que casi todo el azufre empleado en los siglos XVIII-XIX provenía de estas explotaciones.

Con la llegada de las leyes de minas en 1859, se derogó la pertenencia de la propiedad pública de las Minas de Hellín, que tras pasar de nuevo por varias manos privadas, se convirtió en 1901 en la “Sociedad Azufrera del Coto de Hellín” bajo la dirección del oficial de artillería Guillermo O´Shea.

Ello trajo consigo una modernización en el sistema de producción que no habría sido posible sin la construcción de una central eléctrica aprovechando la proximidad del río Mundo, y lo que es más importante, sin la creación de un ferrocarril (1904) que evitó uno de los principales problemas de esta explotación: el aislamiento.

 Imagen actual del antiguo edificio de almacenamiento del azufre, con el paisaje de fondo de la mina ya abandonada (fotografía de la autora, abril de 2013).

Imagen actual del antiguo edificio de almacenamiento del azufre, con el paisaje de fondo de la mina ya abandonada (fotografía de la autora, abril de 2013).

Aunque en los periodos de guerra esta industria del alcrebite jugó un papel fundamental para la armamentística, fueron numerosos los problemas que cada vez más frenaban su desarrollo: la competencia del azufre estadounidense, las sucesivas huelgas de 1920 a 1930, las sequías, etc… Finalmente, el 20 de Octubre de 1960 tuvo lugar el cierre definitivo de la mina y con ello comenzó la decadencia de todo un pueblo minero, que a pesar de las dificultades de vida que tienen en este medio rural que perdió su principal actividad sustentadora, todavía encuentran en él diversas alternativas (agricultura o ganadería) con las que poder  quedarse.

Ya no solo en el pasado este espacio fue capaz de ser un punto estratégico y fundamental para el territorio nacional, sino que en la actualidad, a pesar de estar la industria totalmente obsoleta, son otros temas los que ocupan las primeras planas del devenir de un pequeño pueblo rodeado de ruinas que conservan, entre ese caos, grandes vestigios de todo un pasado glorioso.

Fiascos urbanísticos en espacios protegidos, incendios devastadores, derribos de viviendas, despoblamiento, abandono, etc. son muchos de los titulares que hoy día preocupan a esta pequeña sociedad, ya que afectan negativamente al desarrollo de un lugar que después de tantos vaivenes, ha dejado entreabiertas las puertas a nuevas posibilidades que aunque con muchos interrogantes, pueden augurar un nuevo futuro.

Para mayor información:

Romera Tébar, Cristina. Las minas de Hellín (Albacete): huellas del pasado en un espacio olvidado. GeoGraphos. [En línea]. Alicante: Grupo Interdisciplinario de Estudios Críticos y de América Latina (GIECRYAL) de la Universidad de Alicante, 13 de febrero de 2014, vol. 5, nº 63, p. 167-205.

Cristina Romera Tébar es estudiante de Grado en Geografía y Ordenación del Territorio, Universidad de Alicante.

 

Ficha bibliográfica:

ROMERA TÉBAR, Cristina. Revalorizar el patrimonio histórico o morir. Geo­cri­tiQ. 25 de octu­bre de 2014, nº 93. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/10/revalorizar-el-patrimonio-historico-o-morir/>

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