La crisis financiera del 33

[L]a historia no es lineal, tampoco podemos decir que sea cíclica; más bien podemos decir que la evolución histórica es como una espiral, en cada punto vemos otros momentos que nos parecen paralelos. En el año 33 d.C., bajo el reinado del emperador romano Tiberio, se produjo una crisis financiera en algunos puntos comparable a la actual.

El emperador, falto de recursos, decidió apropiarse de los bienes de personajes ricos, que fueron acusados del crimen de lesa majestad y ejecutados. Estos bienes fueron subastados y con el dinero obtenido se llenaron las arcas imperiales. Para ello fue necesario que otros comprasen estos bienes, quienes para poder llevar a cabo esta operación, pidieron dinero prestado a los especuladores. Lo hicieron pagando tasas de interés superiores a los límites marcados por la ley: el 6 por ciento. Los miembros del Senado, los ricos que pudieron realizar estas operaciones, tuvieron miedo de que los delatores volviesen sus lenguas contra ellos y los acusasen de este hecho punible, que les podía costar su hacienda y aún su vida.

Así pues se dirigieron al emperador, que les dio un año y medio de  moratoria, para que legalizaran su situación. Pero como el dinero circulante estaba en manos del emperador o de los especuladores, el Senado, para proteger a sus miembros, que eran los que habían realizado las compras con dinero prestado a un interés superior al permitido por la ley, dictaminó que se invirtiera en la compra de tierras en Italia por un montante equivalente a dos tercios del capital debido. En definitiva, los deudores debían obtener otros créditos, esta vez a un interés legal, para poder pagar las deudas anteriores o vender sus propiedades. Los prestamistas debían o prestar dinero, esta vez según el interés permitido por la ley, o comprar parte de las tierras de los deudores. Los prestamistas, sin embargo,  exigían la devolución del 100 por cien del dinero prestado, lo que obligaba a los deudores a vender mayor cantidad de tierras, el aumento de la oferta hizo bajar los precios de las tierras, beneficiando, de nuevo, a los prestamistas y arruinando a grandes familias de la nobleza.

Finalmente el emperador puso dinero en circulación entregándolo a los bancos, sin interés durante tres años, con la condición de que lo facilitaran a quienes ofreciesen una garantía fiduciaria por valor del doble del dinero solicitado. Esto permitió que muchos no tuviesen que poner en venta sus propiedades, al tiempo que obtuvieron un crédito sin interés por un periodo de tiempo doble del concedido, inicialmente, por el mismo emperador, lo que rebajó la necesidad de poner en venta las propiedades.

Las necesidades del Estado de recabar fondos, había abierto unas perspectivas de ganancias para quienes dispusieran de capital. Iniciada la crisis, más por un motivo político que económico -el miedo de quienes habían hecho negocios a todo riesgo-, surge la tensión entre los hasta ese momento beneficiados de la situación y los prestamistas que controlaban los recursos. Son los bancos, los que al exigir el pago total de la deuda, hunden a muchos, obligados a vender barato bienes que vienen a caer en manos de los bancos.

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Tiberio Julio César Augusto (42 AC – 37 dC), emperador de Roma desde el año 14 dC al 37 dC (foto: autor)

 

Hasta aquí puede darnos la sensación de “ya visto”. Pero hay también notables diferencias: los afectados en época de Tiberio fueron los ricos. Nuestra crisis nos ha afectado a todos. Entre los romanos los compradores de nuevos bienes ya disponían de otros. En nuestra crisis la mayoría de los deudores sólo disponían de aquel bien que se les había ofrecido tan alegremente, pero que, una vez estallada la crisis, al exigírseles el pago inmediato del total de la deuda, el exceso de la oferta ha hecho caer el precio, con lo que los deudores se empobrecen aún más, al tiempo que los detentadores del dinero se enriquecen aún más.

La crisis del año 33 d.C., de todos modos, fue una crisis que se basaba en la economía real, la nuestra parte de la llamada “arquitectura financiera”, una entelequia que destroza la economía productiva. En ambas crisis los detentadores del poder económico se interesan sólo por salvarse ellos.

En el año 33 d.C., el Emperador, el Estado, pone fondos a disposición de los bancos para que éstos, a su vez,  lo pongan, directamente, a disposición de los deudores. Ahora, parece que los Estados  empiezan a hablar de esta solución, después de haber puesto dinero sólo a disposición de los promotores de la crisis, que se han salvado a costa del sacrificio de todos.

¿Qué habría pasado si el Estado, antes de poner el dinero a disposición de la banca, hubiese saldado sus propias deudas? Sin duda, se hubiesen salvado muchas pequeñas y medianas empresas, que hubiesen saldado sus deudas con la banca, manteniéndose puestos de trabajo y disminuido el volumen de la crisis.

¿Qué hubiese pasado si el Estado, al capitalizar a los bancos, les hubiese pedido que, a su vez, dieran una moratoria a sus deudores, sobre todo a los adquirientes de vivienda? Muchos ciudadanos no hubiesen llegado a la situación de miseria y desesperación en la que ahora se encuentran.

¿Qué hubiese pasado si el estado nos hubiese repartido, per capita, los millones dados a la banca? Todos seríamos ricos y felices, hubiésemos pagados nuestra deudas, hubiésemos gastado a manos llenas, reactivando la economía e, incluso, podríamos haber sido generosos con las personas y países que necesitasen nuestra ayuda.

Pero el sistema está solo interesado en auto afianzarse, no en la felicidad del género humano.

Para mayor información:

REMESAL RODRÍGUEZ, José. De Emperador a depredador. En Marco Simón, F., Pina Polo, F. y Remesal Rodríguez, J. (Eds.), Vae victis! Perdedores en el mundo antiguo. Barcelona 2012, 217-227.

José Remesal Rodríguez es Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Barcelona y Miembro de Número de la Real Academia de la Historia.

 

Ficha bibliográfica:

REMESAL RODRÍGUEZ, José. La crisis financiera del 33. Geo­cri­tiQ. 5 de julio de 2014, nº 68. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/07/la-crisis-financiera-del-33/>

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