El arte de hilvanar los intereses territoriales

Desde los albo­res de la Huma­ni­dad, las fuer­zas del poder bajo cual­quier forma de gobierno, casi siem­pre pade­cie­ron la ceguera expan­sio­nista, sem­brando gue­rras y ocu­pa­cio­nes, éstas casi siem­pre aje­nas al uso opti­mi­zado de los terri­to­rios pro­pios y aje­nos. Bajo estas con­di­cio­nes, se con­for­ma­ron com­ple­jas tra­mas de tenen­cias de la tie­rra, que uni­das a los afe­rra­dos intere­ses de la pro­pie­dad y al des­co­no­ci­miento de las reales voca­cio­nes natu­ra­les, engen­dra­ron el pro­fundo caos terri­to­rial del pre­sente, como heren­cia con­tem­po­rá­nea del errado manejo durante siglos.

Orde­na­miento del caos territorial

Hoy las prin­ci­pa­les preo­cu­pa­cio­nes para la super­vi­ven­cia humana ron­dan alre­de­dor de los cam­bios glo­ba­les gene­ra­dos por el des­ar­mo­ni­zado desa­rro­llo eco­nó­mico, el cre­ci­miento demo­grá­fico des­con­tro­lado, la esca­sez del agua, la falta de sobe­ra­nía ali­men­ta­ria y la pér­dida de la diver­si­dad bio­ló­gica, entre muchas situa­cio­nes crí­ti­cas. Esta reali­dad y sus pal­pa­bles ten­den­cias pudie­ran bau­ti­zar al siglo XXI, como el “siglo de la cri­sis holís­tica mun­dial”, pues la cri­sis tam­bién se ha globalizado.

Ante esta madeja de con­flic­tos, diver­sos son los pris­mas que pue­den ata­jar y ata­car sus vici­si­tu­des y des­equi­li­brios, pero el enfo­que del orde­na­miento eco­ló­gico terri­to­rial, unido al arse­nal cien­tí­fico moderno, a las volun­ta­des guber­na­men­ta­les y al empeño de las socie­da­des, cons­ti­tuye uno de los sen­de­ros más via­bles, para la pro­po­si­ción de mode­los más idó­neos y jus­tos para la ocu­pa­ción del terri­to­rio. El triunfo de estas nue­vas ade­cua­cio­nes requiere de una reor­ga­ni­za­ción del uso del mismo, acorde con sus poten­cia­li­da­des y limi­ta­cio­nes, debiendo satis­fa­cer las expec­ta­ti­vas y la cali­dad de vida de la pobla­ción, e impul­sar la agenda y los intere­ses sec­to­ria­les del desarrollo.

El espí­ritu jurí­dico del proceso

En México, la Ley Gene­ral del Equi­li­brio Eco­ló­gico y la Pro­tec­ción al Ambiente (LGEEPA) fue publi­cada en el Dia­rio Ofi­cial de la Fede­ra­ción, el 28 de enero de 1988, cons­ti­tu­yendo la máxima expre­sión legal del pro­ceso de orde­na­miento eco­ló­gico terri­to­rial. En su Capí­tulo IV “Ins­tru­men­tos de la Polí­tica Ambien­tal” des­cansa la Sec­ción II “Orde­na­miento Eco­ló­gico del Terri­to­rio”, que esta­blece los tipos de pro­gra­mas: Gene­ral del terri­to­rio, regio­na­les, loca­les y mari­nos. Pos­te­rior­mente, un sig­ni­fi­ca­tivo papel se le otorgó a los pro­gra­mas comu­ni­ta­rios, que en la actua­li­dad han alcan­zado a cen­te­na­res de comunidades.

La visión estra­té­gica del orde­na­miento eco­ló­gico gene­ral del terri­to­rio se fun­da­menta, por ley, en una regio­na­li­za­ción eco­ló­gica del terri­to­rio nacio­nal, con una evi­dente esen­cia ecólogo-productiva, al con­si­de­rar las poten­cia­li­da­des y limi­ta­cio­nes para todos los sec­to­res de la Admi­nis­tra­ción Pública Fede­ral en cada una de las uni­da­des de ges­tión. El pri­mer Pro­grama de Orde­na­miento Eco­ló­gico Gene­ral del Terri­to­rio (POEGT) con­si­deró 145 uni­da­des ambien­ta­les bio­fí­si­cas, cada una con una voca­ción de apro­ve­cha­miento, en vir­tud de sus cua­li­da­des físico-geográficas. Tres nive­les jerár­qui­cos defi­nen las regio­nes eco­ló­gi­cas: polí­tica ambien­tal, nivel de aten­ción prio­ri­ta­ria en fun­ción del estado del medio ambiente (Figura) y de los con­flic­tos inter­sec­to­ria­les, y apti­tud sectorial.

 

20140051_imagen Jose Ramon Hernandez

Estado actual del medio ambiente mexi­cano en el año 2008

 

El decreto jurí­dico del POEGT esta­blece como ejes nor­ma­ti­vos y regu­la­to­rios a los linea­mien­tos y estra­te­gias eco­ló­gi­cas. Estas direc­tri­ces se enfo­can al fomento de la pre­ser­va­ción, la pro­tec­ción, la res­tau­ra­ción y el apro­ve­cha­miento sus­ten­ta­ble de los recur­sos natu­ra­les. Para ello, tam­bién es impor­tante la eva­lua­ción de la com­pa­ti­bi­li­dad entre la apti­tud y los intere­ses sec­to­ria­les, los que deben tra­zar con­gruen­te­mente sus accio­nes, pro­gra­mas y pro­yec­tos, bajo el prisma de la opti­mi­za­ción de uso y el hori­zonte de la sustentabilidad.

Pla­nea­ción y par­ti­ci­pa­ción demo­crá­ti­cas, repre­sen­ta­ti­vi­dad idó­nea y con­senso territorial

Las vir­tu­des y posi­bi­li­da­des de éxito de un pro­grama de orde­na­miento eco­ló­gico terri­to­rial que­dan encau­za­das en la reali­dad de un autén­tico pro­ceso de par­ti­ci­pa­ción demo­crá­tica entre todos los acto­res terri­to­ria­les: repre­sen­tan­tes de los dife­ren­tes par­ti­dos polí­ti­cos, fun­cio­na­rios guber­na­men­ta­les, aca­dé­mi­cos, aso­cia­cio­nes gre­mia­les y socia­les, y ciu­da­da­nía, en general.

El pleno ejer­ci­cio ciu­da­dano de la liber­tad de expre­sión y de cri­te­rios sobre la gama de pro­ble­má­ti­cas terri­to­ria­les, enri­quece, for­ta­lece y garan­tiza, no sólo la eje­cu­ción del pro­ceso de orde­na­miento, sino ade­más su cer­tera imple­men­ta­ción y segui­miento. El caso mexi­cano gozó de ocho talle­res espe­cia­li­za­dos y regio­na­les, así como de dos con­sul­tas públi­cas en línea, siem­pre avan­zando por el sen­dero del debate y del con­senso, lo que faci­litó su decreto el 12 de sep­tiem­bre de 2012, con el res­paldo pleno de todos los sec­to­res de la Admi­nis­tra­ción Pública Federal.

No obs­tante los avan­ces mexi­ca­nos en mate­ria par­ti­ci­pa­tiva, los pro­ce­sos de orde­na­miento deben for­ta­le­cerse con la selec­ción más idó­nea y legí­tima de los acto­res terri­to­ria­les y su par­ti­ci­pa­ción cons­tante, agru­pando a entes expe­ri­men­ta­das en las pro­ble­má­ti­cas del terri­to­rio. Las deci­sio­nes fina­les, plas­ma­das en los pro­gra­mas de orde­na­miento, deben tran­si­tar por una imple­men­ta­ción con­ti­nua, sin el per­jui­cio de la inmo­vi­li­dad u olvido ante otras prio­ri­da­des, gene­rado habi­tual­mente por los pro­ce­sos elec­to­ra­les tria­nua­les, sobre todo en las muni­ci­pa­li­da­des. A su vez, la esen­cia del orde­na­miento terri­to­rial emana de la deci­sión sobe­rana de los acto­res socia­les del terri­to­rio, por lo que debe res­pe­tarse, o al menos replan­tearse en cada nueva situa­ción polí­tica, bajo el debate, el con­senso y la apro­ba­ción de toda la socie­dad involucrada.

Grupo de Tra­bajo Inter­sec­to­rial del POEGT: arte­sano del tejido terri­to­rial de la Federación

La legis­la­ción mexi­cana en mate­ria de orde­na­miento eco­ló­gico terri­to­rial (LGEEPA) con­tem­pló la crea­ción del Grupo de Tra­bajo Inter­sec­to­rial (GTI), como meca­nismo de pro­puesta, con­sulta, debate y con­cer­ta­ción entre los sec­to­res guber­na­men­ta­les de la Admi­nis­tra­ción Pública Fede­ral, aun­que a los efec­tos del POEGT fun­cionó ade­más, como enti­dad regu­la­dora de su imple­men­ta­ción, segui­miento, modi­fi­ca­ción y ade­cua­ción futura. El GTI orga­nizó la par­ti­ci­pa­ción de los dife­ren­tes sec­to­res para el aná­li­sis con­junto e inte­grado de los intere­ses estra­té­gi­cos, a nivel fede­ral, a fin de lograr el equi­li­brio armó­nico entre los intere­ses del desa­rro­llo sec­to­rial y las polí­ti­cas ambien­ta­les del terri­to­rio nacio­nal. Para ello, la pre­sen­cia y accio­nes de los sec­to­res en cada uni­dad de ges­tión terri­to­rial (uni­da­des ambien­ta­les bio­fí­si­cas) fue­ron cla­si­fi­ca­das, según la tras­cen­den­cia de su actua­ción pro­duc­tiva o ambien­ta­lista, en Rec­to­res, Coad­yu­van­tes, Aso­cia­dos o Intere­sa­dos. En ese orden, se pro­pu­sie­ron acuer­dos que garan­ti­za­ron la obser­van­cia de los linea­mien­tos eco­ló­gi­cos del POEGT, y se esta­ble­cie­ron siner­gias, accio­nes y pro­gra­mas que, a futuro, debe­rán nutrir el desa­rro­llo sos­te­ni­ble en cada una de las 145 uni­da­des de ges­tión esta­ble­ci­das. Una gran parte de ese arte para hil­va­nar los intere­ses terri­to­ria­les, en este caso del terri­to­rio nacio­nal, des­cansa en la con­ju­ga­ción armó­nica del POEGT con el Plan Nacio­nal de Desa­rro­llo del actual sexe­nio 2013–2018,  que teje y guía el Grupo de Tra­bajo Inter­sec­to­rial de la Admi­nis­tra­ción Pública Fede­ral de México.

Para mayor información:

HERNÁNDEZ SANTANA, J. R., Bollo Manent, M., A. P., Mén­dez Lina­res (2013)  Orde­na­miento eco­ló­gico gene­ral del terri­to­rio mexi­cano: enfo­que meto­do­ló­gico y prin­ci­pa­les expe­rien­cias. Bole­tín de la Aso­cia­ción de Geó­gra­fos Espa­ño­les, nº 63, pp. 33–55.

José Ramón Her­nán­dez San­tana es Jefe del Depar­ta­mento de Geo­gra­fía Física e Inves­ti­ga­dor del Ins­ti­tuto de Geo­gra­fía de la Uni­ver­si­dad Nacio­nal Autó­noma de México, Miem­bro de la Aca­de­mia Mexi­cana de Ciencias.

 

Ficha biblio­grá­fica:

HERNÁNDEZ SANTANA, J. R. El arte de hil­va­nar los intere­ses terri­to­ria­les. Geo­cri­tiQ. 10 de julio de 2014, nº 69. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/07/el-arte-de-hilvanar-los-intereses-territoriales-2/>

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