¿Por qué hablamos tanto e innovamos tan poco en educación?

[E]n los últimos veinticinco años  en España se sucedido numerosas reformas educativas y propuestas de mejora educativa. Sin embargo los continuos diagnósticos que se realizan sobre el sistema escolar indican que éste no mejora el aprendizaje del alumnado.

Al mismo tiempo se han incrementado exponencialmente el número de publicaciones didácticas y pedagógicas que pretenden orientar al profesorado de enseñanza básica. Muchas veces son teorías bien argumentadas y con datos empíricos que muestran algunas líneas metodológicas de mejora en la enseñanza de las ciencias sociales. Pero dichas propuestas son generalmente ignoradas por las personas a quienes van dirigidas dichas exposiciones. Y muy pocas se han configurado como un referente teórico y una praxis de mejora didáctica.

Existe en España una profunda brecha entre la educación básica y la investigación educativa, entre las situaciones escolares vividas en los centros de Educación Primaria y Secundaria (que comprende los años cronológicos de la edad de enseñanza obligatoria) y las reflexiones teóricas y prácticas que se realizan desde las universidades. Tal parece como si los razonamientos de unos fueran ajenos a las preocupaciones de los otros y por eso la difusión de las revistas indexadas es mínima entre el profesorado de enseñanza básica. Y es algo que se repite en otros países iberoamericanos, como hemos tenido ocasión de compartir en las opiniones del Geoforo Iberoamericano (ver foros 10, 14 y 16 en www.geoforo.com).

En general el profesorado del sistema escolar de la educación obligatoria, que forma a la ciudadanía en los momentos en que todas las personas acuden a los colegios e institutos, recela de las propuestas teóricas que se hacen desde los ambientes universitarias por considerarlas alejadas de las necesidades manifestadas en sus aulas. Por su parte desde las instancias universitarias se alude a las estructuras administrativas y a la situación laboral del profesorado como factores que impiden la aplicación de sus propuestas de mejora. Incluso a veces se recela de las intenciones innovadoras del profesorado.

Desde mi experiencia de muchos años en formación inicial y permanente del profesorado, a la vez que por haber trabajado en diferentes niveles del sistema escolar, entiendo que el problema más relevante es la ausencia del conocimiento acerca de los sentimientos, emociones y comportamientos que rigen las relaciones de la comunicación educativa en las aulas de Educación Primaria y Secundaria, es decir, que existe poco conocimiento sobre las emociones y expectativas de las personas que conviven en las aulas de educación básica.

Por una parte se echa en falta una ausencia de empatía con las situaciones prácticas que determinan el trabajo docente con niños, adolescentes y jóvenes de 6 a 18 años. No se sabe analizar el comportamiento del alumnado en relación con sus expectativas de ejercer su autonomía personal en una sociedad democrática y ciudadana. También existe una dificultad en captar las necesidades docentes de una persona que se ha formado en unos parámetros educativos del siglo XIX y está trabajando en el siglo XXI.

Por otra parte se pierde la perspectiva de la individualización de la comunicación en las aulas, donde las personas ejercen sus roles de alumnos y docentes en un medio social que les convierte en clientes de una sociedad regulada por las posibilidades de consumo. Existe un divorcio entre las propuestas de mejora, que suelen ser genéricas, y las necesidades del profesorado que acostumbran a ser concretas y específicas.

Además se ha ido creando una sensación de innovación docente regida por las palabras en forma de jerga académica que no va acompañada de una propuesta de actuación con materiales educativos y una secuencia de actividades para experimentar en las aulas. Por eso siempre me he referido a la necesidad de elaborar proyectos curriculares como instrumentos sociales de mejora.

Un proyecto curricular consiste en el trabajo colectivo de profesores que se forman para poder innovar en la práctica del aula de educación básica. Es una propuesta de mejora de la enseñanza desde la reflexión didáctica y va acompañada de una programación de actividades que se acompañan de recursos (documentos, salidas, bibliografía…). Y en este sentido, los proyectos curriculares han sido una respuesta eficaz para relacionar investigación e innovación.

20140015_imagen Xose M Souto

Proyecto curricular

 Desde el año 1989 el proyecto Gea-Clío ha venido elaborando materiales para la innovación y ha desarrollado numerosos programas de formación del profesorado. Sin duda es una labor constante y paciente que no siempre tiene la recompensa de las administraciones, pero sí del profesorado que participa con ilusión en la aventura de construir un conocimiento social útil para entender los factores subyacentes que aparecen en la superficie de la realidad social

Para mayor información:

SOUTO GONZÁLEZ, Xosé M. Investigación e innovación educativa: el caso de la Geografía escolar. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. [En línea]. Barcelona: Universidad de Barcelona, 10 de diciembre de 2013, vol. XVII, nº 459. <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-459.htm>.

Xosé Manuel Souto González es profesor titular de  la Universitat de València (Didáctica de las ciencias sociales) y catedrático de Geografía e Historia de Enseñanza Secundaria.

 

Ficha biblio­grá­fica
SOUTO GONZÁLEZ, X.M. ¿Por qué hablamos tanto e innovamos tan poco en educación?. Geo­cri­tiQ. 20 de marzo de 2014, nº 39. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/03/por-que-hablamos-tanto-e-innovamos-tan-poco-en-educacion/>

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