Un mundo asimétrico: crónica de urgencia

[E]l mundo está convulso: las desigualdades sociales y económicas aumentan, la cohesión social  en Europa Occidental se resquebraja, el viejo “telón de acero” se ve sustituido por otro telón no menos segregador -de límites más imprecisos y tenues- que separa a los que poseen recursos financieros, económicos y materiales de los que no los poseen, a los que tienen más medios que fines de los que tienen más fines que medios, a los que tienen más soluciones que problemas de los que tienen más problemas que soluciones.

Entre tanto, la brecha demográfica y epidemiológica crece,  el cruel fractal de las desigualdades en el mundo (a escala global, continental, nacional, regional, urbano–metropolitana) se consolida y la Humanidad parece encaminarse hacia un gigantesco apartheid  a escala planetaria.

De las causas económicas…

El  mundo actual aparece la economía como vector dominante y la especulación financiera como objetivo principal, jugando la sociedad y medio ambiente el papel de instrumentos o medios supeditados a este fin. Este funcionamiento  pervierte el orden natural y lógico que no debería ser otro que el de la preservación del medio ambiente y la satisfacción de las necesidades sociales, como objetivos últimos debiendo jugar la economía el papel de ciencias social que primigeniamente tuvo: ser una ciencia social que permite establecer la producción y distribución de los medios concretos para hacer posible la existencia humana (alimento, vivienda, educación…).

Como es la mano (in)visible del mercado la que mueve los hilos de la economía han sido las grandes multinacionales y los países de rentas más altas quienes se han aprovechado de la necesidad de alimentos en el mundo (la FAO calcula que en las próximas dos décadas la demanda de alimentos se multiplicará por dos) y han acaparado tierras en los países pobres del sur (singularmente de África y Latinoamérica) para usos agrarios, explotaciones forestales y (así como minerales, singularmente coltán, litio, disprosio, “tierras raras livianas”  o “Light Rare Earth Oxides”, tan ligadas estratégicamente a  la industria y las nuevas tecnologías). Este acaparamiento, ejemplo de neo-colonialismo agrario -el término es de la misma FAO- supone ya en términos de superficie útil más de 50 millones de Has. y está contribuyendo a hacer que el hambre cotice en bolsa a la vez que está acarreando una vertiginosa reducción de la biodiversidad y, como consecuencia, de los servicios que prestan los ecosistemas, que no son otros que los recursos básicos que la naturaleza nos da gratuitamente (agua, comida, aire limpio..) clave de nuestra supervivencia como especie.

Es, asimismo, la mano (in)visible del mercado la que explica que la demanda de agua dulce crezca más deprisa que la capacidad de la tierra para generar nuevos recursos hídricos. Así, mientras el 70% de agua dulce se emplea en el riego de cultivos, 1.000 millones de personas padecen una crítica escasez del llamado “oro azul”, que será en el futuro causa de importantes conflictos económicos y territoriales (ya lo es en los países de Creciente Fértil).

En relación a los recursos energéticos (tercer botón de muestra) es la mano (in)visible del mercado la que alimenta la idea de que, cuando parece que el mundo se  aproxima en el tiempo al llamado “pico del petróleo” porque las reservas se agotan y  empieza declinar su producción, se descubran y empiecen a explotarse nuevas reservas de gas e hidrocarburos, incluso en el Ártico. De otra parte, se exploran y explotan los esquistos y pizarras (o lutitas) bituminosas a partir de una técnica: el fracking cara, ambientalmente peligrosa y altamente dependientes de tecnología punta. Y en relación al petróleo, el problema no es que no haya más reservas, sino que siga siendo el principal recurso energético.

…a las consecuencias sociales y ambientales

Como consecuencia de todos estos hechos, la capacidad de resiliencia del sistema Tierra es cada vez más reducida. Los problemas ambientales, con ser graves para el mundo en su conjunto, lo son singularmente para aquellos pueblos que viven directamente de los recursos de su ecosistema, que suman casi un tercio de la población mundial.

En el plano demográfico, la brecha entre el norte y el sur crece: el miedo al desempleo, a la precariedad laboral y al retroceso en los niveles de bienestar, así como al envejecimiento y a sus negativas consecuencias sociales y económicas en el Norte rico coexiste con el miedo al excesivo crecimiento demográfico en el Sur pobre (o, para ser más preciso, empobrecido): el miedo al futuro de unos frente al miedo al presente de los otros.

Las migraciones, que presentan una dimensión planetaria, adquirirán, en términos absolutos, valores crecientes. A las actuales causas económicas se sumarán las ambientales como consecuencia del cambio climático, que afectará en mayor medida a los países más pobres de las latitudes tropicales y subtropicales (singularmente países subsaharianos y una buena parte de los emergentes India o Brasil) aunque podría beneficiar la agricultura de  los países más ricos de las latitudes templadas.

El plano epidemiológico nos muestra que las desigualdades ante la muerte no son sino el reflejo de las desigualdades ante la vida y así en los países del hemisferio norte su población  muere las principales causas de defunción son enfermedades crónicas y degenerativas, a las que se sumen las sociopatías,  mientras en una buena parte de los países del hemisferio sur lo hacen como consecuencia de enfermedades contagiosas y parasitarias y carenciales.

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Mundo asimétrico: la transición epidemiológica. Elaboración del autor.

La apretada agenda de problemas globales exige alternativas globales

Son, pues, muchos y complejos los problemas demográficos, sociales y ambientales a los que se enfrenta la humanidad  y múltiples los desafíos a ellos ligados. Afirmaba Albert Einstein que “no podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que teníamos cuando los creamos”. En relación a los problemas citados, es el tiempo de analizar las consecuencias humanas de la globalización. Es el tiempo de luchar por una globalización con rostro humano.  Es el tiempo de sustituir la economía de los bienes que tenemos por la economía de los bienes que hace que seamos. Es el tiempo de denunciar la  responsabilidad de las grandes empresas transnacionales en el deterioro del medio ambiente y del cambio climático. Es el tiempo de entender las migraciones internacionales como factor de co-desarrollo entre países de origen y de destino. Es el tiempo de reflexionar sobre la idea de decrecimiento como único camino hacia la sostenibilidad. Es el tiempo de pensar y profundizar en la máxima de que, en términos ambientales, “menos puede ser más”. Es el tiempo del compromiso social y ambiental. Es el tiempo de la ecología política y de la geografía crítica y aplicada.

Para mayor información:

REQUES, Pedro. Un mundo asimétrico: cambio demográfico, globalización y territorio [microensayos]. Santander: Cinco Días / Universidad de Cantabria, 2012.

REQUES, Pedro. Población, recursos y medio ambiente ¿el final de los mitos?. Santander: Universidad de Cantabria, 2001.

 

Pedro Reques Velasco es Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria

 

Ficha biblio­grá­fica
REQUES, Pedro. Un mundo asimétrico: crónica de urgencia. Geo­cri­tiQ. 15 de febrero de 2014, nº 32. [ISSN: 2385–5096]. <http://www.geocritiq.com/2014/02/un-mundo-asimetrico-cronica-de-urgencia/>

One thought on “Un mundo asimétrico: crónica de urgencia

  1. La economía es el eje que mueve la sociedad así que la raíz de todos los problemas está en los sistemas económicos, las desigualdades, el reparto injusto de riqueza o la guerra son inherentes al sistema capitalista.

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